Trabajar en casa y su impacto en la salud
Por Laura Tirado: La combinación de confinamiento y teletrabajo es peligrosa por lo que más que nunca se debe comer sano y hacer ejercicio
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La repentina llegada del teletrabajo, situación que probablemente se planificaba de forma gradual y sobre todo en otras condiciones, nos tomó sin ningún tipo de preparación. Y aunque a algunos les parecía míticamente encantador, es evidente que estábamos muy lejos de conocer la realidad que implica.

Más complicada ha resultado la situación en países menos desarrollados. Una situación económica difícil y una conexión a Internet sumamente lenta obstaculizan aún más las posibilidades de un teletrabajo exitoso –incluyendo teleconferencias o educación remota– lo que nos ayudaría al bienestar físico y mental.

Uno de los más importantes es el tema de la ergonomía. La propia Organización Internacional del Trabajo (OIT) recomendó la modalidad de trabajar en casa para evitar la propagación del Covid-19 y por ello ofrece en su portal web varios consejos sobre cómo lograr un lugar de trabajo adecuado en el hogar.

Pero no todos disponemos de una oficina en la casa, un espacio disponible para ella o equipos y mobiliario apropiados para trabajar, lo que se convierte en el primero de una serie de inconvenientes que harán mella en nuestra salud si no tomamos –urgentemente– las medidas necesarias, en especial porque los tiempos del encierro se han alargado más de lo esperado.
He aquí un resumen de las consecuencias físicas y psicológicas que nos ha traído el “modo teletrabajo”.


Esta posición puede parecer una muy buena idea pero al poco tiempo aparecerá el dolor 


La salud física

Lo más común es que nos sentemos a trabajar en cualquier silla de la cocina, el sofá o incluso la cama, lo que derivará en dolores de cabeza, cuello, espalda y entumecimiento de piernas, brazos, manos y hasta dedos. La falta de un escritorio adecuado también contribuye con esos males.

La computadora familiar no siempre es tan avanzada como la de la empresa para la que trabajamos, y tampoco disponemos de un departamento de tecnología al cual llamar al momento de una falla técnica (poca memoria, lentitud, obsolescencia) por lo que estas situaciones desde la casa producen estrés que también afecta nuestra salud física y mental.

La tendencia generalizada a no medir el tiempo dedicado al teletrabajo, bien sea a causa de la exigencia “sorpresivamente” inagotable de los jefes o por la inconsciente autoexplotación, nos hace pasar largas jornadas frente a la computadora generando los trastornos músculo-esqueléticos ya mencionados. Además aparece el agotamiento visual debido a que, de acuerdo con los expertos, parpadeamos menos cuando estamos frente a la pantalla lo cual causa resequedad en los ojos.

En este punto es importante advertir que cuando por fin decidimos dar por terminado el trabajo, lo ideal no es lanzarnos a maratónicas jornadas de series televisivas o a los videojuegos “para descansar”.

También los desórdenes gastrointestinales o una súbita obesidad se pueden manifestar debido a la alteración de los horarios de comida, el consumo excesivo de meriendas y la disminución en la ingesta de líquidos. Más grave aún son las consecuencias derivadas del aumento del alcohol o los cigarrillos con la excusa de que desapareció la prohibición que imponía la empresa.

La ausencia casi total de actividad física y la falta de vitamina D son otras de las consecuencias del confinamiento. Si bien no éramos unos atletas, por lo menos caminábamos hasta el cafetín del trabajo, a otro departamento o salíamos a los alrededores de la empresa. El sedentarismo y la tentación de no salir para nada es uno de los mayores peligros del teletrabajo.


El teletrabajo también produce depresión debido al aislamiento / Foto Shutterstock


La salud emocional

La sola presencia del coronavirus y su fatal impacto en todo el mundo ha traído consigo oleadas de estrés, ansiedad y depresión. El miedo al contagio o a la muerte, suya o de los seres queridos y la pérdida del empleo hacen parte de las cifras. Y quienes han quedado con teletrabajo, con un atisbo de felicidad por esa suerte, no se salvan de los mismos miedos, no vaya a ser que la empresa donde laboran de pronto decida cerrar. Es casi una felicidad mínima y momentánea que más bien produce ansiedad.

Efectivamente, la condición de teletrabajo no escapa del trastorno psicosocial pues enfrenta depresión a causa, entre otras cosas, del aislamiento y la soledad. El ser humano es por naturaleza un ser social y por mucha teleconferencia que haga necesita compartir con sus compañeros de trabajo. Es una realidad que pasa más tiempo en la oficina que en la casa.

Los momentos del café y las conversaciones intrascendentes son necesarios para la salud mental. Por otra parte, la sensación de no participar en tomas de decisiones o de parecer invisible a la hora de una promoción o aumento de sueldo también aumenta los temores.

Aquí también interviene el asunto de la ergonomía pues si el espacio o el equipo se debe compartir con otros miembros de la familia, se crea un contratiempo que también conduce a episodios de estrés. Peor aún si a eso le sumamos problemas familiares previos.

Frenar los frecuentes viajes a la nevera, levantarse y caminar dentro de la casa por lo menos cada hora y saber poner fin a la jornada de trabajo son algunas claves para sobrellevar todo lo que no esperábamos del teletrabajo.