Tiempo de fe, disciplina y transformación
RAMADÁN
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Myriam Santana de Urooj

El mes de ramadán ocupa un lugar central en la vida de los musulmanes de todo el mundo. No se trata únicamente de abstenerse de comer y beber desde el alba hasta la puesta del sol, sino de un período profundamente espiritual que invita a la reflexión, al autocontrol y al fortalecimiento de la relación con Dios. Ramadán es, para millones de personas, un tiempo de purificación del cuerpo y del alma, de reencuentro con los valores esenciales del Islam, de renovación interior.
Desde una perspectiva espiritual, Ramadán conmemora el mes en el que el Corán fue revelado al profeta Muhammad (La Paz Sea con Él); es un tiempo especialmente dedicado a la lectura del Corán, a la oración y a la búsqueda de cercanía con Dios. Cada acto de adoración adquiere un valor especial, los creyentes procuran intensificar sus esfuerzos por ser mejores personas: más pacientes, más generosas y más conscientes de sus acciones.


LOS PILARES DEL ISLAM

El ayuno, uno de los cinco pilares del Islam, es obligatorio para los musulmanes adultos que gozan de buena salud. Sin embargo, su significado va mucho más allá de la simple abstinencia física. Ayunar enseña disciplina, autocontrol y empatía hacia quienes viven en la escasez. Al sentir hambre y sed, el creyente recuerda a los menos favorecidos y se vuelve más sensible a sus necesidades. Así, Ramadán es un més de compasión.
Están exentos del ayuno obligatorio en Ramadán quienes no pueden realizarlo por razones de salud, edad o circunstancias especiales, principalmente enfermos, viajeros, mujeres embarazadas, con período menstrual, lactantes y ancianos débiles.
Los niños empiezan a observar el ayuno entre los 6 y 7 años. El primer ayuno de un niño es ocasión para una fiesta.
Los creyentes que deben realizar el ayuno pero que por alguna razón no pueden, reponen el día perdido ayunando después de ramadán, pagando Fidya o expiración caritativa: alimentar a una persona por ayuno perdido. Si el ayuno se rompe sin razón válida, es un pecado grave y el creyente debe arrepentirse sinceramente, recuperar el día perdido con otro día de ayuno, o alimentar a 60 personas pobres.

 
ZAKAT

Los actos de caridad durante el mes de ramadán son recompensados 70 veces más que en otros meses del año. Así, los musulmanes prefieren dar el diezmo obligatorio o zakat durante este mes, en el cual se fomenta la generosidad y se empatiza con los necesitados.

 
DESDE OTRAS CULTURAS

Para quienes, como yo, llegamos a un país musulmán desde otra cultura, ramadán también puede ser una experiencia de aprendizaje profundo. Soy venezolana y me casé con un paquistaní en 1982. Desde entonces vivo en Karachi, una ciudad vibrante, caótica y llena de contrastes, donde ramadán se vive intensamente. Recuerdo mi primer ramadán aquí con una mezcla de curiosidad, respeto y cierto temor: ¿sería capaz de ayunar todo el día?, ¿cómo reaccionaría mi cuerpo?, ¿podría adaptarme a un ritmo tan distinto?
Mi decisión de comenzar a ayunar no fue inmediata por una convicción religiosa, sino por un acto de amor. Quise animar a mi esposo, que en ese entonces no ayunaba a diario. Pensé que, si yo, viniendo de una cultura distinta, hacía el esfuerzo, quizá él se sentiría motivado a retomar esa práctica. Ese primer Ramadán fue un desafío, pero también una revelación. Descubrí que el ayuno no solo es posible, sino que puede ser transformador.
Con el paso de los años, el ayuno dejó de ser un gesto de apoyo y se convirtió en un hábito, en una disciplina personal y en una herramienta educativa para mis hijos. Quise inculcarles desde pequeños el valor del sacrificio, la importancia de la constancia y el sentido espiritual del ramadán. No me quise imponer sino dar ejemplo.

 
EL SEHERI

En nuestra casa, el seheri (la comida antes del alba) siempre ha sido sencillo. Algo ligero, nutritivo y fácil de preparar: pan, huevos, fruta, yogurt, té. Es aconsejable beber mucha agua durante la noche. La sencillez del seheri simboliza, para mí, la humildad con la que comienza el día de ayuno. No se trata de abundancia, sino de intención. Es un momento silencioso, casi íntimo, donde cada uno se prepara mental y espiritualmente para las horas que vendrán.
Durante mi primer ramadán que fue muy caluroso, mi suegra me daba leche con frutos secos molidos porque decía que era muy refrescante y ayudaba a paliar la sed durante el día.
En otros hogares el seheri es una comida completa, un guiso que se come con el “chapati” el pan de harina de trigo redondo plano sin levadura o con el “nan” el pan con levadura que es también plano y parece la base de una pizza. También se comen “parathas” que son deliciosos, son panes planos hojaldrados fritos en sartén con aceite o ghee.

 

EL IFTAR

En contraste, los iftaris en mi casa suelen ser elaborados. El iftar, la comida con la que se rompe el ayuno al atardecer, es un momento de celebración, de gratitud y de reunión familiar. Aparte de lo que se prepara en casa, como los somozas, el chaat (que es una ensalada de garbanzos, cebolla, papas, tomates con salsa de tamarindo, a la que se le puede añadir yogurt), a mi esposo le gusta comprar alimentos para elaborar en casa. De niño iba con su abuelo paterno a locales de la ciudad que se especializaban en “kachoris” (bocadillos de masa frita, crujiente y dorada, rellena comúnmente de daal o lentejas especiadas), con guiso de papas.


 “jalebis”(dulce de harina frito en espiral al que se le añade almíbar), “ras gullas” que son bolitas de leche hechas con sémola y hervidas en almíbar, o “ras malai”, bolitas suaves de queso fresco (chhena o paneer), similares a las del ras gulla que se sumergen en leche espesa y dulce, aromatizada con cardamomo, azafrán y frutos secos como pistachos o almendras, entre muchos otros manjares.


En el centro de Karachi se encuentra Burns road, una calle llena de restaurantes con comida tradicional local y piscolabis deliciosos. 


Al menos una vez al mes mi esposo va y compra lo que se nos antoje ese día.
Preparar el iftar es una forma de expresar amor. Es un acto de servicio, una manera de crear un ambiente cálido donde la familia se siente unida después de un día de esfuerzo.
El momento de romper el ayuno es siempre especial. Comenzar con dátiles y agua, siguiendo la tradición. Algunos hogares tienen agua de la Fuente del Zam-Zam de la Meca que han traído peregrinos. Se preparan bebidas refrescantes como limonada, leche con Roo Afza (un jarabe concentrado hecho de esencia de rosas y hierbas refrescantes.
Durante el iftari hablamos poco, ¡todos estamos sedientos y hambrientos! El cerrar el ayuno crea un sentido profundo de comunidad. Ramadán tiene ese poder: acerca a las personas, suaviza los corazones y fortalece los lazos familiares.


ORACIÓN, CARIDAD Y CAMARADERÍA

Más allá del hogar, Ramadán transforma también la vida social. Las mezquitas se llenan de fieles para las oraciones nocturnas, las calles se iluminan, y se percibe un ambiente general de espiritualidad y camaradería. Se suele ver gente jugando en las calles al cricket o al futbol. Al mismo tiempo, aumenta la caridad. Dar a los necesitados es una parte esencial de este mes. Ya sea a través de donaciones, comidas para personas pobres o ayuda directa. Los creyentes prefieren dar diezmo obligatorio o Zakat durante este mes. Ramadán recuerda constantemente la responsabilidad que cada creyente tiene hacia los demás.


EL PERDÓN

Otro aspecto fundamental de Ramadán es el perdón. Se anima a los musulmanes a reconciliarse, a dejar rencores y a pedir perdón tanto a Dios como a las personas. Es un tiempo para limpiar el corazón, para soltar cargas emocionales y comenzar de nuevo. En este sentido, Ramadán no es solo un mes, sino una oportunidad de reinicio.
Los últimos diez días del Ramadán son la culminación de un mes de recogimiento y devoción. En una de esas noches, Laylat ul Qadar (Noche de Poder), fue revelado el Corán. Se cree que esa noche cayó en una de las noches impares de este período. Los devotos pasan estas noches en adoración y se dice que la adoración en Laylat Ul Qadar es superior a 83 años de adoración. Muchos creyentes viven el I’tekaf, como un retiro espiritual por al menos 3 días alejándose de la vida mundana, bien sea en una mezquita o en el hogar en oración, leyendo el Corán.

 
RECOGIMIENTO Y REFLEXIÓN

Para mí, después de tantos años viviendo en Karachi, Ramadán se ha convertido en un mes de recogimiento y reflexión. Aunque no nací en una familia musulmana y conservo mi creencia cristiana, he aprendido a apreciar la profundidad de esta práctica y su impacto positivo en la vida diaria. Ayunar me ha enseñado paciencia, autocontrol y gratitud. Me ha ayudado a valorar lo que tengo y a ser más consciente de quienes tienen menos. También el ayuno tiene muchos beneficios para la salud.

 
EID AL-FITR
 
Ramadán termina con la celebración del Eid al-Fitr, una festividad llena de alegría, donde las familias se visten con ropa nueva, comparten dulces y se visitan mutuamente. Es el cierre de un mes de esfuerzo y el inicio de un nuevo ciclo con energías renovadas.
En conclusión, Ramadán es mucho más que un período de ayuno. Es un mes de transformación personal, de fortalecimiento espiritual y de unión familiar. Para los musulmanes, representa una oportunidad invaluable de acercarse a Dios y de mejorar como seres humanos. Y para quienes, como yo, hemos llegado desde otra cultura, Ramadán también puede convertirse en un puente de comprensión, amor y crecimiento interior.




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