El evento coincide además con el 250º aniversario de la independencia de EEUU y el propio cumpleaños del líder republicano
MUNDIAL 2026: TRUMP COMO PROTAGONISTA
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Hernán Quiroz Plaza

El Mundial 2026 comenzó el pasado 5 de diciembre de 2025. Se definieron los grupos del Mundial 2026. El sorteo, realizado en el Kennedy Center, en Washington DC, dividió a las selecciones en 12 grupos para la primera fase del torneo que se llevará a cabo en Estados Unidos, Canadá y México entre junio y julio.
El fútbol le da igual a Trump, pero sabe que "la Copa del Mundo es el evento más grande, probablemente el evento más grande en los deportes", en sus propias palabras, y coincide además con el 250º aniversario de la independencia de EEUU y el propio cumpleaños del líder republicano.

El Estadio Azteca, en la CDMX, será el escenario del partido inaugural el 11 de junio, en el que el anfitrión enfrentará a Sudáfrica. La Final se disputará en Nueva York el domingo 19 de julio, mientras que el duelo por el tercer puesto se disputará en Miami el 18 de julio. Esta es la primera edición de la Copa del Mundo con 48 participantes, las anteriores contaban con 32 equipos. Así, el certamen tendrá un récord de 39 días, además de la incorporación de una fase adicional de eliminación directa: los Dieciseisavos de Final, antes de los Octavos. De todos los 48 países que estarán en la justa, 42 ya se encuentran clasificadas. Las otras seis se conocerán en el Repechaje internacional y de la UEFA, que se llevarán a cabo en marzo del año en curso.

TRUMP, TRUMP Y SÓLO TRUMP

El protagonista del sorteo del Mundial en Washington no ha sido el fútbol, ni el denominado grupo de la muerte, sino el presidente de Estados Unidos. A figuras como la suya en este país las definen como larger-than-life, más grandes que la vida, y el acto montado en torno a su figura y sus obsesiones ha dejado claro que los próximos meses estarán completamente marcados por su presencia. Igual que ocurrió el pasado verano en la final del Mundial de clubes, cuando se saltó el protocolo para eclipsar a los jugadores del Chelsea, o en la final del US Open de tenis, que empezó con una hora de retraso por su asistencia. Trump no permite que nada, ni nadie le haga sombra. Ya es su Mundial, y no el que comparte con Canadá o México, cuyos líderes Mark Carney y Claudia Sheinbaum, a los que ha ninguneado, insultado o amenazado desde su vuelta al poder, quedaron relegados a un papel testimonial, a su vera. El fútbol le da igual a Trump, pero sabe que "la Copa del Mundo es el evento más grande, probablemente el evento más grande en los deportes", en sus propias palabras, y coincide además con el 250º aniversario de la independencia de EEUU y el propio cumpleaños del líder republicano, y nadie entiende mejor el poder del simbolismo que él. Él fue quien maniobró para que el sorteo se celebrara en Washington y no en Las Vegas (como ocurrió antes del Mundial de 1994) y quien insistió en estar presente (a diferencia de Bill Clinton entonces). Quiere estar en el corazón del meollo.

EL SEGUNDO PLATO DE LA JORNADA
 
Más allá de los equipos y sedes, fue la entrega del Premio FIFA de la Paz 2025, un delirante invento del presidente Gianni Infantino para adular al presidente estadounidense con las tres cosas que más le gustan: halagos ante las cámaras, cosas doradas y el reconocimiento como estadista mundial que cree que merece y que el comité del Nobel de la Paz le negó. Infantino se ha convertido en un habitual del Despacho Oval, riendo las gracias de Trump, mudo ante los ataques o insultos políticos en su presencia. Siempre listo para llevarle regalos y aplaudirle. La organización emitió un video hagiográfico, comprando toda la narrativa de la administración sobre cómo el presidente estadounidense ha terminado ya con ocho, nueve o 10 guerras, salvando a millones de personas. "Un líder dinámico que ha participado en esfuerzos diplomáticos que crearon oportunidades para el diálogo, la desescalada y la estabilidad, y que ha defendido el poder unificador del fútbol en el escenario mundial", aseguró el equipo de Infantino.

"Este es uno de los mayores honores de mi vida. Más allá de los premios, Gianni y yo hablábamos de esto, porque salvamos millones de vidas (...) Vamos a tener un evento como quizás el mundo nunca haya visto, nunca he visto nada igual (...) La coordinación, la amistad y la relación con México y Canadá han sido excepcionales. Estados Unidos, hace un año, no lo estaba haciendo muy bien, y ahora debo decir que somos el país más caliente del mundo y vamos a mantenerlo así", añadió sin desaprovechar la ocasión de criticar a su predecesor, Joe Biden. Todo pensado y hecho a la medida del presidente estadounidense, con la modelo Heidi Klum y el actor Kevin Hart de presentadores, el ex quarterback Eli Manning en la alfombra roja y Thierry Henry en los micrófonos de la Fox. Y con leyendas del deporte estadounidense para sacar las bolas: Tom Brady, Shaquille O'Neal, el canadiense Wayne Gretzky o Aaron Judge.


EL EVENTO

Más allá de cualquier especulación y más acá de cupones, bombos y papelitos, fue un sorteo sencillo y breve. Rodeado por demasiada parafernalia mediática, exageradísimo glamour para sacar 48 nombres. Mucho traje de diez mil euros; pero, bueno, son los tiempos modernos. En el primer mundial, Uruguay 1930, la distribución de las selecciones fue un mero acto administrativo con quizá ocho o diez personas alrededor de una mesa de roble oscuro en la Asociación Uruguaya de Fútbol. Se escribieron a mano unos papelitos con el nombre de los equipos, se los dobló en cuatro para que no se viera el contenido y se los introdujo en un viejo trofeo ganado por la Celeste; de allí fueron extrayendo los integrantes de cada zona. Tal vez se sirvió un café a los presentes. Eso fue todo. Ahora, algunos miles de personas de todo el mundo viajaron a Estados Unidos y se exigió triple acreditación a los medios: una para asistir al Centro John F. Kennedy para las Artes Escénicas, una segunda para entrar al salón donde tuvo lugar el acto en sí y una tercera para entrevistar a un personaje determinado, técnico, dirigente, leyenda. FIFA ha hecho de cada sorteo, lanzamiento o inauguración un suceso muy apetecible para la televisión. Y factura fortunas por ello. A sus patrocinadores y a los medios con derechos de TV.

A los futboleros nos gusta más lo deportivo que el show business, la tradición y la sobriedad por sobre la pompa desmedida, pero en tanto Gianni Infantino presida la FIFA deberemos acostumbrarnos a este desborde de ostentación y lujo. Falta que el día de la final los jugadores bajen en helicóptero al centro del campo. Y que el helicóptero esté piloteado por Leonardo Di Caprio. Y que Shakira se lance en paracaídas mientras Donald Trump la espera en un convertible con carrocería de oro. Aparte, cada vez es mayor el evento y menos lo que se sortea. Está todo bastante predireccionado. Distinto era en el pasado. Ejemplo: en 1978 se designaron cuatro cabezas de serie, Argentina en calidad de anfitrión, Alemania Federal como vigente campeón y Brasil e Italia por ser los de mayor cantidad de títulos. Simple. Todo lo demás iba al bolillero. Así fue que le tocó al dueño de casa un grupo terrible: la Francia de Platini, la Italia de Paolo Rossi y la última Hungría buena, la de Nyilasy, Nagy, Toth, Torocsik. Tres europeos. Y fuertes.

PARTICIPANTES Y GRUPOS

Aparte, haber elevado el número de participantes a 48 subió también a 12 la cantidad de grupos. Y hay tantas restricciones que es muy raro que se encuentren tres potentes. Una es que no se puede juntar a dos selecciones de un mismo continente, excepto cuatro grupos que tendrán dos europeos, dado que clasifican 16 del Viejo Continente y esos cuatro que sobran hay que repartirlos. Por eso, casi nadie salió demasiado preocupado con su suerte. Es que clasifican 32 a dieciseisavos de final: primero y segundo de cada bloque más los 8 mejores terceros. Para que quede eliminado en primera fase uno de los grandes, como le pasó a Alemania en las dos ediciones anteriores, debería ocurrirle una catástrofe tipo Titanic. Suponiendo: España debería salir último detrás de Uruguay, Arabia Saudita y Cabo Verde para volverse a casa de inicio. Imposible. No obstante, es importantísimo ganar el grupo, para tomar una ruta más accesible y también para eludir viajes desgastantes.

Brasil salió satisfecho: jugará con Marruecos, Escocia y Haití, como para ir afinando motores. Muy posiblemente Brasil crezca de la mano de Ancelotti y del pie izquierdo de un chico que promete cosas grandes: Estevão. Los medios argentinos celebraron la suerte de la Albiceleste de Lionel Scaloni. Compartirá con Austria, Argelia y Jordania. Los tres locales no se pueden quejar: México va con Sudáfrica, Corea del Sur y el ganador del repechaje europeo D (tal vez Irlanda o Dinamarca). Canadá está junto a Suiza, Catar y el repechaje europeo D, cuyo favorito es Italia. Y Estados Unidos recibirá en su casa a Paraguay, Australia y UEFA C (¿Turquía…?).

Se sabía de antemano que, donde cayera Noruega, ese era el grupo fuerte. Y así fue: es el que integran Francia, Noruega y Senegal. La cara de póker de Didier Deschamps, técnico galo, decía claramente que el bolillero le cayó mal al hígado. Noruega, con Haaland y Sorloth, sus tanques goleadores, es una fuerza aluvional. Y Odegaard desde atrás surtiéndolos de bolas con ventaja. Más el factótum de este estilo tan agresivo: el entrenador Ståle Solbakken, que los hace atacar como salvajes. Todos le temen a Noruega. Puede ser la sensación del torneo. A su vez, Senegal ganó invicto su clasificación al Mundial y tiene 22 profesionales actuando en Europa.

Bolivia estará pensando si no es mejor perder la repesca y mirarlo en casa tranquilo por televisión, tomando café con bizcochos. Si vence en el purgatorio de la repesca a Surinam e Irak, entrará en el cuadro con Francia y Noruega. Y podría ser masacrado. Incluso con Senegal sufriría horrores. Enfrentaría a la Noruega de Haaland, a la Francia de Mbappé y al Senegal de Mané.

El combo más facilito es el ya mencionado de Canadá (B) y también el G, de Bélgica, Egipto, Irán y Nueva Zelanda. Y el más bonito, por lo parejo, el F, compuesto por Holanda, Japón, Túnez y UEFA B, que podría ser Polonia. Atención a Holanda… Posee un plantel largo y calificado, gente de experiencia y jugando en las grandes ligas. Como sucede con Portugal, alguna vez se le dará.

Por su progresivo ascenso en el concierto internacional y su excelente ubicación en el ranking, Colombia ocupó el escalafón 2. Se sabía que acompañaría a un peso pesado (resultó Portugal), un mediano y un peso mosca. Pero le cayeron dos moscas: Uzbekistán y el que surja del repechaje entre Jamaica/ Nueva Caledonia y luego República Democrática del Congo. Muy asequible, casi aburrido. Luchará con Portugal el primer puesto. Bonito partido.

¿Y Ecuador…? Huuuuummmm… Duro. Alemania, Costa de Marfil y Curazao. Será muy muy difícil vencer a una Alemania con tres jóvenes cracks como Jamal Musiala, Florian Wirtz y Lennart Karl (si es que Julian Nagelsmann lleva a este último, de fulgurante aparición). Y con otros elementos como Gnabry, Sané, Woltemade, Kimmich, Goretzka, Schlotterbeck, Neuer… Mucha dotación, un entrenador importante... Y con mentalidad competitiva alemana.

Curazao es el postre del grupo, pero Costa de Marfil será otro hueso complicado para masticar. Ecuador no podrá imponer allí su biotipo físico, con el que hace tanta diferencia en Sudamérica. Los marfileños son los últimos campeones africanos y ganaron invictos su grupo en la eliminatoria con 8 victorias, 2 empates, 25 goles a favor y ninguno en contra. Prácticamente todo su plantel actúa en clubes europeos y están habituados al ritmo intenso. Si la Tri fuera segunda en su zona, debería enfrentar al segundo del grupo I, que seguramente serán Noruega o Francia. Mejor ni pensar en eso. Y si fuera tercero, chocaría con el primero de otros agrupamientos, todos bravos. Queda confiar en la defensa de oro y en Enner Valencia una vez más.

Ya el bolillero hizo su trabajo. En junio viene lo mejor: el juego.







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