Algo prescindible, un ser que camina con mucha dificultad al final de carrera como un sujeto-agente político
TRUMP: EL PATO COJO
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Alfredo Alvarez

La expresión que alude a la figura de un “Pato Cojo” en la narrativa de la política norteamericana se refiere básicamente a un personaje público que no vive sus mejores días. Algo prescindible, un ser que camina con mucha dificultad al final de carrera como un sujeto-agente político ya de cierta irrelevancia. En ese concepto sobreabunda la franqueza y la crueldad, al suponer que un pato con problemas de locomoción es un ente vivo que termina por ser absolutamente prescindible. En las pasadas elecciones presidenciales, este concepto sirvió de epitafio al expresidente Joe Biden, quien, afectado por sus limitaciones físicas y la edad, lo hacían un candidato perdedor (un completo luser) otra idea que define el éxito como un propósito indisociable al control político desde la Casa Blanca. Ahora, ese relato demencial, querulante, ambiguo y carente de sindéresis de los medios norteamericanos, le endosa los mismos atributos de pato cojo al jefe de gobierno Donald Trump. No lo deteriora en forma tan acelerada su política arancelaria, ni las improvisadas acciones en el frente del oriente medio, ni su cuestionable intervención en el conflicto de Vladimir Putin contra Ucrania. La controversia en torno al pedófilo Epstein está provocando un daño significativo y sostenido a la imagen y proyección política de Donald Trump. No solo erosiona su reputación ante el gran público, sino 2 que genera divisiones visibles en su base, debilita su liderazgo y complica su capacidad de articulación política de cara al futuro inmediato y a sus aspiraciones electorales Se argumentan que creció de manera exponencial la desconfianza generalizada en la figura del jefe de gobierno. Un 69% de los estadounidenses cree que la administración Trump oculta información relevante sobre el caso Epstein, lo que representa el nivel más bajo de aprobación para Trump en cualquier asunto gestionado desde la presidencia. Tan solo el 17% aprueba su manejo del tema. Se expande como fuego la crítica interna, una completa anomalía en las filas del partido republicano, y más en concreto en los leales súbditos de la fracción MAGA. El escándalo ha dividido tanto a la opinión pública como a la base republicana. Personas influyentes dentro del movimiento MAGA acusan directamente a Trump de incumplir su promesa de transparencia y de proteger a élites implicadas. Advierten por igual que es evidente en el publico una percepción de encubrimiento. La negativa a divulgar más archivos y el tono confrontativo con sus propios seguidores han generado la sensación de un “encubrimiento” gubernamental, alimentando teorías conspirativas y profundizando la brecha de confianza. Tal evento, propicia en consecuencia, una súbita fragmentación del apoyo republicano: Varios congresistas y figuras emblemáticas de la derecha han criticado abiertamente la gestión de Trump, algo inédito en un movimiento históricamente fiel. Se habla de una “rebelión interna” y pérdida de cohesión en el bloque republicano, que ya enfrentaba tensiones por otros temas Se aprecian otros síntomas como la prematura erosión del liderazgo del polémico hombre del gobierno. El escándalo ha reforzado la percepción de vulnerabilidad de Trump dentro de su propio partido (“lame duck”), lo que puede afectar su capacidad para controlar la narrativa política y mantener unido el movimiento MAGA. Hay una mayor exposición a ataques rivales. Los demócratas y medios opositores utilizan el tema como argumento constante de ataque, cuestionando la ética y transparencia de Trump en campaña y en el ejercicio del poder. Se teme en consecuencia una posible pérdida de parte de la base electoral, aunque el núcleo duro sigue siendo leal, encuestas recientes señalan una caída histórica en la aprobación y señales de hartazgo entre votantes tradicionalmente fieles. El estilo de abierta confrontación de Donald Trump, asi como de sus seguidores genera sin proponérselo un desgaste narrativo. Esta controversia dificulta que Trump imponga su agenda y discurso mediático, dando lugar a fracturas y distracciones costosas en periodo preelectoral. La reacción defensiva es un lastre al cual se suma el riesgo de nuevas y mayores demandas legales: Las acciones legales y el enfrentamiento abierto con aliados y ex seguidores pueden amplificar el conflicto y tener efectos “boomerang”, ahondando la crisis de confianza que está atravesando su liderazgo. Michael Wolff, un reconocido biógrafo de Donald Trump analiza un nuevo informe del Wall Street Journal que revela un inquietante vínculo entre Donald Trump y Jeffrey Epstein, incluyendo una nota manuscrita de cumpleaños de Trump para Epstein fechada en 2003, un boceto de una mujer desnuda adjunto a la nota. En la publicación del WSJ (abocado fundamentalmente a temas de economía y finanzas 3 propiedad de Josep Soros) son revelados nuevos detalles sobre su amistad y escapadas conjuntas. La reacción del movimiento MAGA, es de reconocer un insondable riesgo, donde algunos ahora lo consideran un "peso muerto" político La amistad entre Trump y Epstein duró más de una década. El mensaje de cumpleaños decía: “Que cada día sea otro maravilloso secreto”, acompañado por un dibujo de una mujer desnuda, lo cual, según Wolff, refleja “el lenguaje y cultura compartidos entre ellos”. Wolff afirma que existía una "vida paralela" entre ambos, especialmente en torno a mujeres jóvenes modelos. Las figuras del movimiento MAGA (como Steve Bannon y Tucker Carlson) ahora critican abiertamente el pasado de Trump con Epstein como una forma de distanciarse del expresidente y posicionarse políticamente. Wolff menciona que JD Vance, vicepresidente de Trump, se encuentra “atrapado” entre mantener la lealtad y el desgaste político del escándalo. Se reveló también que Trump, de 79 años, sufre insuficiencia venosa crónica, con problemas de circulación en las piernas. Wolff lo describe como un “pato cojo” político, es decir, un presidente debilitado que está perdiendo fuerza e influencia incluso entre los suyos. Trump reacciona con estrategias distractoras, como declaraciones polémicas “sin fundamento”, entre ellas decir que Coca-Cola cambiará su receta o que reabrirá la prisión de Alcatraz. Wolff sospecha que el caso Epstein no desaparecerá fácilmente y se convertirá en una herramienta divisiva dentro del propio partido republicano. Asegura que Trump intentará recuperar el control mediático, pero la narrativa “lame duck” (pato cojo) se afianza rápidamente. El declive de salud y la presión política podrían marcar “el principio del fin” de su influencia. Michael Wolff afirma que este escándalo combina lo que más teme Trump: su vulnerabilidad, pérdida de control mediático, deterioro físico, y ser abandonado por quienes lo ensalzaron. Por esta publicación Donald Trump demandó al Wall Street Journal por US$10.000 millones, una reacción “política” muy particular del jefe de gobierno en su abierta confrontación con los medios de comunicación social de su país. Antes, logro torcer el brazo a la gente de CBS y defenestrar a quien por mucho tiempo fue un notable productor del programa 60 minutos. El acuerdo final entre Trump y Paramount Global (CBS) fue de 16 millones de dólares. Sin embargo, el dinero no fue entregado directamente a Trump, sino que será destinado a su futura biblioteca presidencial como parte del arreglo extrajudicial. Paramount no reconoció responsabilidad ni ofreció disculpas oficiales, pero el acuerdo implicó compromisos editoriales futuros para mayor transparencia con las transcripciones de entrevistas. Bill Owens fue el productor ejecutivo de "60 Minutos" hasta abril de 2025. Su renuncia se produjo en medio de la presión corporativa que vivía la cadena por la demanda millonaria presentada por Donald Trump, quien acusó a CBS de manipular una entrevista con Kamala Harris durante la campaña electoral. Owens declaró que su salida se debía a la pérdida de su independencia periodística, ya que, según él, ya no se le permitía dirigir el programa y tomar decisiones editoriales independientes basadas en lo que consideraba correcto para la audiencia y el periodismo Hasta el momento, no hay evidencia judicial directa ni acusaciones formales contra Trump relacionadas con crímenes específicos vinculados al caso Epstein. Las 4 investigaciones federales han cerrado sin implicar legalmente al expresidente; no se ha encontrado una “lista de clientes” ni indicios procesables en los documentos publicados por el Departamento de Justicia y el FBI en 2025. Trump ha reaccionado combativamente ante las revelaciones mediáticas, amenazando con demandar a medios como The Wall Street Journal por publicar cartas supuestamente enviadas a Epstein, a las que Trump califica de “falsas” y “difamatorias”. Ha declarado que emprenderá acciones legales por difamación, no por delitos vinculados a Epstein. Las acciones actuales se centran en litigios civiles, no penales. Hasta ahora, la vía legal escogida por Trump es defensiva -contestando publicaciones periodísticas- y no enfrenta, según la información actual, investigaciones que conlleven cargos criminales directos por su relación con Epstein. El escándalo Epstein está provocando fisuras internas, con seguidores molestos por el aparente incumplimiento de la promesa de total transparencia. Algunos aliados y figuras del partido han exigido mayor apertura, mientras otros se distancian para no verse salpicados. La presión por la liberación de más documentos y la percepción de encubrimiento producen un riesgo de fractura interna. El liderazgo republicano y simpatizantes influyentes muestran incomodidad e insatisfacción, lo que puede impactar seriamente la cohesión del movimiento MAGA en el periodo electoral. Trump, acostumbrado a cambiar de tema o movilizar escándalos a su favor, parece incapaz de desviar la atención del vínculo con Epstein. Analistas describen que la historia podría convertirse en una “mancha permanente” sobre su carrera pública, erosionando tanto su capacidad de movilización política como de retención de aliados leales. Actualmente, el mayor impacto para Trump es de índole política y reputacional más que legal directa. El escándalo Epstein resta fuerza a su narrativa, erosiona la confianza en sectores clave de su base, genera litigios civiles por difamación y proyecta una imagen de vulnerabilidad y aislamiento dentro del Partido Republicano. Sin nuevas pruebas criminales en su contra, lo que más pesa para Trump ahora es el desgaste interno y el daño a su legado político. Todo un pato cojo.


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