La primera vez que apareció en pantalla como la joven Rhaenyra Targaryen en House of the Dragon, internet hizo lo que mejor sabe hacer: obsesionarse. Había algo magnético en esta chica australiana de mirada afilada y energía punk que parecía demasiado contemporánea para vivir entre dragones y coronas medievales. No actuaba como una princesa clásica; parecía una rockstar atrapada en Westeros.
Nació en Sydney, lejos del molde de Hollywood. Creció entre castings pequeños, trabajos ocasionales y una carrera que avanzó sin escándalos ni fórmulas prefabricadas. Antes de convertirse en fenómeno global, trabajaba en un café mientras audicionaba para series australianas.
Con la serie de HBO Max no sólo ganó fama, redefinió la idea de heroína fantástica para una nueva generación. Tanto fue el impacto que muchos fans todavía siguen reclamando “más Milly”, incluso después del salto temporal de la serie (que, por cierto, estrena su tercera temporada este mes de junio).
Sin embargo, Alcock ya no pertenece únicamente al universo de los Targaryen. También a finales de junio, pero en las salas de cine, aterriza en Venezuela como la nueva Supergirl en la esperadísima película dirigida por Craig Gillespie y producida por el nuevo universo DC de James Gunn.
Y no, ésta no será la típica superheroína perfecta, luminosa y políticamente correcta. La versión de Milly viene con heridas, rabia y una vibra casi grunge. Según las primeras descripciones del filme, Kara Zor-El será mucho más salvaje y emocional que Superman: una sobreviviente marcada por la destrucción de Krypton y cansada de cargar expectativas ajenas.
La elección de esta actriz de 26 años tiene todo el sentido del mundo. Hollywood llevaba años buscando a alguien capaz de mezclar vulnerabilidad con caos cool. En redes ya la llaman “la Supergirl punk” y sus primeras imágenes en personaje han disparado el hype entre fans de DC.
Lo interesante es que Alcock parece entender perfectamente el peso cultural del personaje. En entrevistas recientes, ha hablado sobre la presión, las críticas y el escrutinio que enfrentan las mujeres dentro del cine de superhéroes, pero también sobre su intención de mantenerse auténtica.
En una industria obsesionada con lo pulido y lo perfecto, Milly llegó para demostrar que las nuevas superheroínas también pueden despeinarse y mostrar un lado más crudamente humano.