ESPECIAL DIA DE LAS MADRES
Por Adriana Bello / Vanessa Alves
Mamás de alto nivel
Ser madres no las detuvo, las redefinió. Entre caos, intuición y amor, estas mujeres convirtieron la maternidad en su mejor escuela de liderazgo: hoy no sólo forman negocios, también construyen una versión más valiente, resiliente y auténtica de sí mismas
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Fotografía Guillermo Felizola

Viviana Gibelli
 
“Aranza y Sebastián son mi mayor orgullo”

Sin duda, es una de las animadoras más queridas de Venezuela, reconocida por su talento, profesionalismo y, sobre todo, por la entrega incondicional hacia sus hijos, Aranza y Sebastián. Para ella, cada momento con ellos es especial: “Mis hijos desde pequeños me dicen que tengo manos de curita… y es que las mamás cuando tocan, sanan. Amo cuando estamos los tres en la cama, disfrutamos, peleamos y me encanta viajar con ellos”.

Aunque la exposición en redes sociales es inevitable, Viviana ha encontrado un equilibrio: “Hay gente que los quiere muchísimo, se sienten queridos y saben que a su mamá la quieren… eso ayuda a compensar. También hay casos que no son tan fáciles de manejar, pero realmente ellos han logrado entender eso”. Aranza, de 17 años, y Sebastián, de 15, están en una etapa que ella disfruta plenamente: “Ya son amigos, ven a una mamá distinta, que se quiebra, que habla de otras cosas, terminan siendo compañeros. Esta edad es hermosa”.


Para Viviana, no hay que elegir entre los sueños profesionales y la maternidad: “Lo que pasa es que ambos exigen mucho. Ser madre es un trabajo de todos los días y la esencia de mis hijos se mantiene. Tiene que ver con los valores aprendidos en casa, con el apoyo del colegio… pero ese es el mayor trabajo que tengo: que crezcan con principios, se respeten, se acepten y se quieran”.

A veces surgen dudas inevitables: “Me cuestiono si lo estoy haciendo bien como madre. Una de las cosas que hago es ponerme en su lugar y recordar cómo era yo a esa edad. También ver su fragilidad emocional, ¿qué les digo para que no se quiebren y se levanten? No soy de las mamás que dicen ‘te lo dije’, pero del resto la vamos llevando bien”.

Su secreto: confianza, fe y cuidado personal. “La clave es confiar, tener fe en lo que tú creas, D-os en mi caso, y saber que Él siempre te pone en el camino correcto. También encontrar un espacio para ti misma es un regalo”.

Aranza y Sebastián reflejan rasgos de Viviana. “Sebastián es productor nato, tiene iniciativa y mucho sentimiento. Aranza es más artista, le encanta un escenario, es muy profunda y va a estudiar psicología. Cada uno brilla con luz propia”. Si la vida con ellos fuera un programa, su capítulo se llamaría: “Ve la vida a través de sus ojos”.

Además, es mamá perruna: “No sólo te dan un amor increíble, generan responsabilidad y necesitan de ti”. Con esa mezcla de ternura, honestidad y alegría, Viviana sigue conquistando a su público y a su familia día a día.



Fotografía Guillermo Felizola
Mariángel Ruiz
“Es un aprendizaje continuo con mi hija”


La animadora, actriz y emprendedora disfruta cada segundo con su hija Victoria, su razón de ser, amor absoluto y entrega. Son amigas, cómplices y un apoyo incondicional.

Su sencillez, entusiasmo y disciplina por alcanzar metas, junto con su profesionalismo y estilo único, definen a esta exreina de belleza. “Ser profesional y ser madre son dos roles que a una mujer la llenan de fortaleza, creatividad y energía de vivir a plenitud. Nos enseñan a entregar lo mejor de nosotras por nuestros hijos y por nosotras mismas. Desde siempre he tenido un sentido de responsabilidad muy elevado y un deseo de mejorar continuamente”.

Su amada hija Victoria es la luz de sus ojos: “Es un aprendizaje continuo. Nos damos lecciones mutuamente y aprendo escuchándola. Ella tiene una fuerza en su carácter distinta a la mía… es decidida y directa al hablar, así que aprendemos una de la otra”.
 
Aunque Victoria ya tiene 19 años, asegura que “la edad de los hijos no borra las preocupaciones, menos la necesidad de estar pendiente de todos los aspectos de su vida. No importa la etapa, siempre seremos protectoras y guías”.

Madre e hija disfrutan cada instante y comparten espacios únicos. “Lo que más disfruto, además de vivir con ella, es compartir en la universidad, verla entrar a clases y yo a otra… es un regalo estar presente en esta etapa universitaria”.
 
Asimismo, mantienen tradiciones y hábitos compartidos: “Las tradiciones típicas de la Navidad las disfrutamos todas por igual. También me fascina hacer ejercicio juntas y echar cuentos”.

Mariángel maneja con equilibrio su carrera y su rol de madre. “La parte más exigente ya pasó. Ella es muy independiente y colaboramos una con la otra. Victoria es muy bajo perfil, tiene redes, pero las usa poco y no se muestra con frecuencia”. Sobre mantenerse como cabeza de la familia, la animadora reconoce: “Hay etapas donde nos despegamos de los roles”.

Hoy sigue trabajando como imagen de marcas, tiene un segmento en televisión, hace teatro cuando el tiempo se lo permite y, además, estudia psicología en la UCAB: “Ya voy por la mitad de la carrera y eso me tiene muy contenta”.



Fotografía Néstor Hernández
Thalma Cohen
“Mis hijos no sólo son mi motor, son mis maestros”

Thalma es una mujer que equilibra con naturalidad múltiples roles. Madre de cuatro hijos, profesional destacada en Lidotel y fundadora de Construyendo Futuros, representa una visión integral del liderazgo, marcada por el servicio y la empatía. “Ser mamá de cuatro me enseñó que liderar no es mandar, es acompañar. Es entender que detrás de cada persona hay una historia, emociones y momentos invisibles que también necesitan ser escuchados. Hoy lidero con más empatía, más intuición y más propósito”.

Para ella, la maternidad transformó no sólo su forma de liderar, sino también su manera de ver la vida: “Me dio una visión de 360 grados, pero, sobre todo, me cambió el corazón”. Sus hijos, asegura, han sido sus grandes maestros: “Mis hijos me enseñaron a amar de verdad y de forma incondicional”.
Convencida de que el verdadero éxito radica en el impacto que se deja en otros, comparte los valores que busca transmitirles: “Quiero que mis hijos hereden el valor del servicio y la integridad. Que sepan que hacer lo correcto, incluso cuando nadie los ve, es lo que realmente define quién eres. Entender que el éxito vacío no vale, pero el éxito que transforma vidas sí deja huella”.

También resalta la importancia de las raíces y la formación: “Crecí viendo a mi mamá y a mi abuela como ejemplos de mujeres fuertes, trabajadoras y profundamente comprometidas con su familia, su comunidad y su país. Es fundamental que comprendan la importancia de prepararse para la vida. Aprender no sólo abre puertas, también te da libertad, criterio y la capacidad de construir tu propio camino”.

Como madre, tiene claras sus prioridades: “La madre perfecta no existe, pero la madre presente sí, y es suficiente”.



Fotografía: Bettina Arriaga
María Claret Castillo
“Lo único que quiero para ellos es que sean felices”


Conocida en redes como @motidatos, es médico de profesión, pero nunca ejerció su carrera y está dedicada a la asesoría y creación de marcas, el marketing, su nuevo proyecto @kiddoccs y a sus tres hijos: Sebastián, Ignacio y Corina.

Para ella, la maternidad transformó su vida personal, pero también redefinió su manera de ver el éxito y el trabajo: “Para mí el éxito eran grandes logros… ahora cada logro de mis hijos para mí son éxitos por muy pequeños que sean”, confiesa, recordándonos que la felicidad cotidiana tiene un valor enorme.

Entre las lecciones más poderosas que la maternidad le ha dejado, destaca la paciencia: “Mis hijos me han enseñado desde el momento que supe que crecían dentro de mí, que las mejores cosas del mundo toman su tiempo. Así como ansiosamente los esperé nueve meses y los he acompañado en cada proceso de sus vidas, de igual forma hacer un emprendimiento o empresa toma su tiempo y hay que crearlo desde cero con amor y paciencia para poder recoger los frutos de cada idea”.

Si hay algo que desea que sus hijos comprendan algún día es la relación entre su trabajo y la felicidad: “Quisiera que entiendan que mi trabajo me genera felicidad y eso es lo más importante… sólo quiero para ellos que sean felices y que puedan desarrollarse en cualquier ámbito laboral, siempre que llenen sus propias expectativas”. Además, desea que vean que la vida profesional no es una línea recta: “Los negocios no son lineales y hay momentos mejores que otros y eso no significa que tengan que abandonarlo todo. La constancia y la perseverancia los llevarán a donde quieran”.

El camino no ha sido solitario. María Claret recuerda la inspiración de sus propios padres y la complicidad con su esposo, quien se ha convertido en su mejor aliado: “Somos un equipo y nos compenetramos para lograr todos nuestros sueños y todo lo que nos proponemos”. Es un reflejo de lo que ella misma vio en sus padres: “De mis padres aprendí la resiliencia y la perseverancia. Los he visto trabajar desde que nací, en equipo, en las buenas y malas”.

En este Día de las Madres, su historia nos invita a celebrar la maternidad como un motor de crecimiento personal y profesional, y a valorar la felicidad como el legado más grande que podemos dejar. Como dice María Claret: “Tener la libertad de tomar decisiones que me permitan estar en paz conmigo misma” es un lujo que toda madre merece y que, con suerte, sus hijos aprenderán a apreciar también.




Adriana Ramírez
“Ser mamá de cuatro no me quitó foco, me lo afinó”


“La maternidad me enseñó a resolver, a decidir rápido y enfocarme en lo que de verdad importa”, confiesa Adriana, mamá de cuatro varones y fundadora de MO4T (que significa justamente Mom of Four Transform), una marca de proteínas, colágenos, vitaminas y accesorios fitness que puedes conseguir tanto en Venezuela como en Amazon. “No es un nombre bonito, es mi realidad. Todo lo que construyo viene de ese estándar. Ser mamá de cuatro no me quitó foco, me lo afinó”.

Antes de ser madre, Adriana asociaba el éxito con credenciales y logros. Hoy, su medida ha cambiado: “No se trata de acumular logros, sino de formar personas que estén bien, que sean felices y que tengan criterio propio. Hoy el éxito no lo mido por lo que aparece en un currículum, sino por quiénes son ellos como personas y por lo que cada uno vino a aportar”.

Pero detrás del ritmo vertiginoso, hay momentos invisibles donde realmente ocurre la magia. “En la noche, antes de dormir, hago un análisis de todo lo que pasó y le agradezco a Dios por lo que soy y por el impacto que estoy generando; y en la mañana, repito lo mismo porque tengo una nueva oportunidad de vivir, de aportar y de ser útil”, comparte. Esa rutina de gratitud le da fuerza para enfrentar cualquier desafío, incluso en días imposibles: “Mi mejor aliado siempre es mi jefe: Dios. Siento esa presencia constante, como si tuviera ángeles custodios acompañándome”.

La maternidad también moldeó su forma de liderar: “He aprendido a tener paciencia, a observar más y a escuchar antes de reaccionar. Cada uno de mis hijos es distinto, y eso me obligó a entender que no existe una sola forma de guiar. Eso lo llevo directamente a mi negocio: no impongo, entiendo, y busco sacar lo mejor de cada persona desde lo que son”.

Adriana no se olvida del cuidado personal: “Un lujo que no negocio es el bienestar. Esto incluye entrenamiento, nutrición, suplementación y todo lo que hago para cuidar cuerpo, mente y espíritu. No es opcional, es un compromiso con Dios de honrar este regalo”.
Su mensaje para sus hijos refleja la esencia de su vida: “Que ellos descubran su propósito, que se enfoquen en eso para lo que vinieron, y lo vivan con pasión y disciplina. Que se sientan orgullosos no sólo por lo académico, sino por lo que uno construye desde la tenacidad y la pasión”.



Fotografía Memo Vogeler
Marianella Morrison
“No sólo construí una vida… construí un ejemplo”


Es diseñadora gráfica, enseña lettering, es directora creativa de marcas y mamá de tres varones. Es la responsable de toda la imagen de Fresh Fish, pero además tiene su propia línea de individuales de papel, pareos y pañuelos, tarjetería para todo tipo de ocasiones y, por supuesto, sus famosas agendas.

“La maternidad me dio una fortaleza que no necesita ruido”, confiesa, y añade que también profundizó su sentido de responsabilidad, empatía y feminidad. Rodeada de su “varonera” (como ella le dice a sus hijos y esposo), afirma que lidera “desde la intuición y desde una certeza profunda de lo que soy capaz de sostener”.

Su concepto de éxito cambió por completo tras convertirse en mamá. Antes se trataba simplemente de avanzar, pero ahora lo importante para ella es hacerlo con sentido, sin perder presencia ni la unión familiar: “Entendí que el verdadero éxito es avanzar, pero sin dejar de sostener lo que te sostiene. Somos un muro sólido, donde cada uno tiene un rol, una esencia… y juntos nos sostenemos”.

Cuando le preguntamos qué espera que sus hijos comprendan de su vida, dice: “Que no sólo construí una vida… construí un ejemplo”. Y aunque reconoce que no todo es orden y perfección, “hoy puedo moverme entre estructura y caos con naturalidad… y sí, también con estilo”. Su profesión la entrenó para eso, pero la maternidad la llevó a otro nivel.

Su mejor aliado en los días imposibles es su mundo interior, ese espacio donde se recalibra y recuerda quién es: “Todo cambia cuando vuelves a ti”. Si le pudiera decir algo a su versión de antes de tener hijos, le aconsejaría “que deje de perseguir el equilibrio perfecto, porque no existe como lo imaginaba. Que la vida no se divide en partes iguales, sino en momentos que exigen presencia total. Que habrá días donde todo fluye y otros donde todo se desordena, y ambos son necesarios. Que no se trata de controlar, sino de aprender a sostener, a priorizar y a soltar con inteligencia. Y que, al final, el verdadero equilibrio no se encuentra… se construye, se adapta y se redefine todos los días”.

Definitivamente, Marianella Morrison nos recuerda que ser madre y profesional no es sólo un reto, es un arte que se construye cada día.