
A sus 37 años, pertenece a esa nueva generación de empresarios venezolanos que decidió no esperar “tiempos mejores”, sino construirlos. Mientras muchos de sus amigos hacían maletas, él apostó por quedarse y emprender. “Me encanta Venezuela a pesar de los pesares y quiero hacer vida aquí. A la misma vez, aquí es donde vi la oportunidad más clara”, afirma.
Aunque hoy lidera una empresa creada en 2015 y asociada al creciente consumo de aguas saborizadas, Pétrichor, su historia comenzó en un terreno inesperado: la cerveza artesanal. Perret era “el amigo que hacía cerveza en casa”, el que disfrutaba experimentar hasta que el pasatiempo se convirtió en un modelo con demanda real. Pero la verdadera chispa surgió en 2017, cuando los anaqueles vacíos revelaron una oportunidad: “Empecé a hacer agua con gas porque me gustaba consumir ron con agua con gas, y me empezaron a pedir familiares y amigos”. Ese pedido informal terminó marcando el nacimiento de un negocio que pronto se expandiría.
En 2018 descubrió en Estados Unidos un producto similar a lo que hoy comercializa en nuestro país: aguas saborizadas sin azúcar. Le llamó la atención y, sobre todo, se hizo una pregunta inevitable: ¿por qué no existe esto en Venezuela? Con estudios en Alemania y Estados Unidos como maestro cervecero -que incluyeron cursos de producción de agua, edulcorantes y refrescos sin azúcar- comenzó a desarrollar sus propias fórmulas. Lo que empezó como curiosidad, se convirtió en empresa.
Pero emprender aquí tiene sus propias reglas del juego. Perret lo resume con claridad: “El reto más grande fue entender la importancia del mercadeo y diseñar una estrategia para llevar esta marca a toda Venezuela”. Ese aprendizaje marcó el rumbo. Hoy defiende que un emprendedor venezolano debe ser “resiliente, optimista con los pies en la tierra y, sobre todo, ejecutor de sus ideas”. Nada de quedarse en los planes: aquí sobrevive quien actúa.
Su mayor lección, asegura, es aceptar que la vida sigue. “Las oportunidades están en todas partes, sólo hay que ser un poco creativo en cómo llevarlas a cabo”.
Para quienes comienzan, su consejo es directo: “Mantengan los costos lo más bajos posible, no subestimen el mercadeo y recuerden que el emprendedor siempre debe ser un generador de demanda”. Nada de esconderse en la producción: hay que salir a la calle, escuchar y vender.
En su camino, la red de apoyo ha sido clave: “Sin mi esposa, mis papás y mis hermanos esto es imposible”, confiesa. Esos afectos son también una de las razones que lo mantiene en el país.
Su visión a futuro es coherente: mejorar la vida del venezolano ofreciendo alternativas más saludables y seguir persiguiendo la energía del emprendimiento. “Emprender me genera una especie de adrenalina que es casi adictiva”, dice entre risas. Y es esa mezcla de pasión, disciplina y terquedad optimista lo que define a Cristóbal Perret: un joven empresario que decidió apostar por Venezuela cuando era más fácil marcharse… y que hoy demuestra que, incluso en un entorno complejo, innovar sigue siendo posible.