CARA A CARA
POR DANIELA IBARRA
Sam Worthington
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Este actor no siempre soñó con ser estrella de Hollywood. De hecho, antes de dedicarse a este mundo, trabajó como albañil en Australia, hasta que una audición en el Instituto Nacional de Arte Dramático de Australia cambió su rumbo. Esa mezcla de dureza, vulnerabilidad y humildad ha marcado cada etapa de su carrera… y es precisamente lo que lo convirtió en el Jake Sully perfecto para James Cameron.
Desde Avatar (2009), Worthington ha construido un personaje que evolucionó junto con él. Pasó de ser el marine parapléjico perdido en un mundo ajeno al líder de una familia Na’vi, atravesada por pérdidas, lealtades y un amor feroz por Pandora. En Avatar: The Way of Water (2022) lo vimos convertirse en padre a tiempo completo, protegiendo a su clan mientras aprendía a vivir en armonía con nuevos territorios y tribus.
Ahora, en Avatar: Fire and Ash, que se estrena en diciembre de 2025, Worthington encara quizá su interpretación más intensa dentro de la franquicia. Jake debe enfrentar a un nuevo clan de Pandora, asociado al fuego y a los volcanes, un territorio emocional y físico que lo obliga a replantearse su liderazgo. La película promete explorar una faceta más íntima del personaje: un hombre marcado por las pérdidas, decidido a defender a su familia, incluso, cuando el enemigo está más cerca de lo que imagina.


El director James Cameron ha adelantado que esta entrega será visualmente distinta y emocionalmente más cruda. Pero ahí es donde Worthington brilla: en la contención, en la mirada, en esa mezcla de soldado y padre que define a Jake Sully. No es casual que, pese al despliegue técnico de la saga, la conexión del público siga anclada en él.
A sus 49 años, Worthington se encuentra en un punto interesante: mantiene un perfil bajo fuera de pantalla, pero su presencia en Avatar continúa siendo el eje emocional de una de las sagas más ambiciosas del cine moderno. Fire and Ash no sólo expande el universo de Pandora, también consolida a Worthington como un actor que entiende que la épica sólo funciona cuando el corazón late fuerte.