CARA A CARA
POR VERÓNICA EGAÑEZ / FOTOGRAFÍA CORTESÍA DE POMELLATO
Philippine Leroy-Beaulieu
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Tú seguro la conoces como Sylvie Grateau, su famoso personaje en la serie de Netflix Emily in Paris, que este diciembre estrena su quinta temporada. Nacida el 25 de abril de 1963 en Boulogne-Billancourt, Francia, pero criada durante buena parte de su infancia en Roma (ahora ya sabes por qué puede hablar italiano perfectamente), Philippine lleva en su sangre una mezcla de cine y moda. Su padre, el célebre actor Philippe Leroy, y su madre, Françoise Laurent, diseñadora, moldearon un entorno visual intenso para ella.
Desde joven sintió el llamado del escenario: a los 16 años regresó a París para estudiar drama (incluso pese a las reservas de sus padres) y comenzó a dar pequeños pasos en el teatro y el cine. Su debut cinematográfico oficial fue en Surprise Party (1983), de Roger Vadim, y poco después alcanzó fama con Trois hommes et un couffin (1985), cinta que le valió una nominación al César como “Actriz Revelación”.
Pero si algo ha consolidado su presencia internacional en los últimos años, es su papel como Sylvie Grateau, la ahora ex directora de la agencia de marketing Savoir. “Ser parte de Emily in Paris fue un verdadero giro que cambió mi camino”, confiesa.
Cree que mucha gente se identifica o le gusta mucho su personaje por la fuerza y sensualidad que transmite. Sin embargo, aclara que no se parece tanto a ella en la vida real como la gente cree, ni siquiera en sus opciones de vestimenta.
Este año fue nombrada embajadora de L’Oréal Paris. A sus 62 años, esta alianza celebra una belleza madura activa y sin miedo: “Es un honor, porque la marca da voz a mujeres con diversas perspectivas”, afirma.
Asimismo, la firma italiana de joyas Pomellato también la escogió como representante de la marca: “Sus piezas están hechas para mujeres que no temen expresar su individualidad. Cada joya cuenta una historia de libertad y creatividad, valores que también han guiado mi carrera”, declaró la actriz.
A su edad, Philippine se ha convertido en un ícono de estilo que redefine lo sofisticado: no se aferra a clichés jóvenes ni disimula signos de los años; al contrario, abraza su madurez como una herramienta expresiva: “Envejecer con gracia es ser una persona más amable que la que eras cuando eras más joven… la vida te pule”.