La importancia de hacer las paces
Cuando nos peleamos con alguien los pensamientos negativos atentan contra nuestra salud mental, emocional y física, por lo que bien vale la pena hacer cuanto sea necesario para reconciliarnos
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Por Maytte Sepulveda

Cuando tenemos un conflicto con otra persona en lugar de resolverlo inmediatamente, lo que hacemos por lo general es alejarnos, pensando que así el problema se resolverá solo, sin tener que hacer algo voluntaria y conscientemente para lograrlo.

Y es que afrontarlo no es tan sencillo para algunas personas, porque lo primero que experimentan es la resistencia a admitir parte de la responsabilidad sobre lo sucedido. Luego están los pensamientos que justifican su decisión de no hacerlo: Seguramente me va a decir que yo soy el culpable; se va a negar a aceptar mis disculpas; me puede salir con cualquier cosa; ¿por qué tengo que ser yo y no el otro quien se disculpe, si yo no hice nada malo? Y por estas o por cualquier otra razón nos mantenemos enemistados y distanciados, corriendo el riesgo de que, al pasar mucho tiempo, ya no nos sintamos capaces de acercarnos para reconciliarnos y rescatar todo lo positivo que tiene para nosotros la relación que manteníamos.

Todos los sentimientos negativos que guardamos hacia una persona o situación nos hacen daño. Generalmente nos llenan de resentimiento y pensamientos de venganza, convirtiéndonos en la primera víctima del proceso, con la consecuencia de atentar contra nuestra salud mental, emocional y física. Bien vale la pena hacer el esfuerzo de vencer nuestra propia resistencia para hacer cuanto sea necesario para reconciliarnos y rescatar la relación con aquellas personas cuya presencia en nuestra vida ha sido importante y positiva.


Claves para la reconciliación

Poner la situación en una balanza. Piensa en lo que sucedió, en el malentendido, en las diferencias que tuvieron y en cuáles fueron las razones por las que discutieron y se alejaron. Luego piensa en todo lo positivo que ha ocurrido entre ustedes, en lo que han compartido y también en todo lo bueno que ha traído esta persona a tu vida. Es probable que al hacer este sencillo ejercicio descubras que no todo ha sido negativo y que, por el contrario, ha sido mucho más lo positivo, y que esto te lleve a sentir la motivación necesaria para acercarte e intentarlo.

Estar dispuestos a pasar la página. Una vez que lo hayas decidido es necesario pasar la página, es decir, que cada vez que la mente te lleve a pensar en lo ocurrido, activando pensamientos y sentimientos negativos, háblate con firmeza: ya ese evento está en el pasado, mi decisión es perdonar, pedir perdón y recuperar la comunicación y mi bienestar. Recuerda que perdonar implica aceptar lo sucedido a través de la comprensión del otro y resaltando el hecho de que su comportamiento, al igual que el tuyo, no llevaba la intención real de herirse.

Tomar la iniciativa. Si has experimentado el deseo de reconciliarte y de tratar de resolverlo, déjate llevar por ese impulso y toma la iniciativa de acercarte para conversar con la persona y resolverlo. Recuerda comenzar la conversación resaltando la importancia y el valor que tiene para ti recuperar y sanar la relación. Si la otra persona no se muestra interesada tendrás que trabajar en la aceptación de su decisión, y en darle el tiempo necesario para reconsiderarlo, sin tratar de forzarla o de manipularla para que lo haga.

No dejar pasar el tiempo. Si bien un poco de distancia al principio nos ayuda a recuperar la calma y la claridad mental necesaria para analizar objetivamente lo sucedido, es conveniente tomar acción lo más pronto posible para afrontarlo y solucionarlo. Dejar pasar mucho tiempo puede dificultar y desaparecer la posibilidad asertiva de hacerlo.

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