Una operación exitosa ha durado escasos y tensos seis días; al lograr eliminar eslabones importantes de la cadena de mando de Yihad Islámica y ser muy breve en el tiempo
FLECHA ESCUDO Y ANARQUÍA
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Elías Farache S.

La operación Flecha y Escudo ha durado escasos y tensos seis días. Una operación exitosa al lograr eliminar eslabones importantes de la cadena de mando de Yihad Islámica y ser muy breve en el tiempo. A pesar del factor común de seis días con respecto a la guerra de 1967, los resultados no arrojan esta vez una victoria contundente que disuada al enemigo en un futuro próximo, cercano o lejano.

Israel tiene ocho operaciones de este calibre destinadas a evitar que desde Gaza se lancen cohetes a poblaciones israelíes. Cada una de ellas ha significado un tiempo de cierta tranquilidad, pero no de definitiva tranquilidad. En Gaza se fabrican y almacenan cohetes de manera industrial, y se tiene una capacidad de lanzamientos que resulta muy difícil de neutralizar. La llamada disuasión es complicada.

Pero en esta ocasión se puede detectar una situación muy compleja y que resulta complicada para Israel. Ya se tiene a la Autoridad Palestina en la Margen Occidental desvinculada de los gobernantes Gaza. Ambos enclaves requieren de ser tratados separadamente por Israel en cualquier eventualidad. Dos estados palestinos no tan virtuales, con capacidad militar comprobada y representantes diplomáticos en muchas partes del mundo. Con alianzas estrechas con enemigos de Israel, que les proporcionan financiamiento y otro tipo de ayudas.

Yihad Islámica había tenido mucha influencia en los últimos tiempos en todo lo que ocurría en Israel. Incidentes en Jerusalén, declaraciones del gobierno, el fallecimiento en cárcel israelí de uno de sus militantes por huelga de hambre, o cualquiera otro incidente, era motivo para lanzar cohetes sobre Israel y poner a su población a correr a los refugios. Una semana antes de esta operación militar, se lanzaron 104 cohetes sobre territorio israelí, desde Gaza y de parte de Yihad.

Israel lanza una ofensiva sorpresa y contundente. Y Yihad Islámica responde con una andanada de cohetes que al término de los seis días suma unos mil. El cese al fuego tardó en negociarse, y Hamas, el gobernante de turno de Gaza no se suma al lanzamiento de cohetes, ni tampoco es capaz de frenar a Yihad Islámica. ¿Quiere Hamas debilitar al grupo que opera dentro de su territorio y con el cual comparte a Israel como enemigo común? ¿O es que Hamas es incapaz de controlar a Yihad Islámica?

Afortunadamente, para el 13 de mayo de 2023 se consiguió un cese al fuego. Israel anuncia que logró su objetivo de debilitar a la Yihad Islámica y su temible capacidad de fuego. Pero esta operación deja en evidencia lo delicado y complicado que resulta para Israel enfrentar y tratar con los palestinos en Gaza.

Resulta que en Gaza no hay un jefe, un responsable de lo que pueda suceder. Hamas, que tiene el gobierno de facto, no parece controlar a Yihad Islámica. Parece hasta un logro que no se haya dejado arrastrar al conflicto, lanzando también cohetes sobre Israel y complicando de manera impredecible los acontecimientos. Israel parece entonces enfrentarse a tres representantes armados de los palestinos, que no se ponen de acuerdo y no son responsables unos de otros. ¿Es este el estatus quo que ha de imperar en el Medio Oriente en los próximos tiempos?

Pareciera que Israel está condenado a enfrentar a todos los grupos palestinos en forma separada. Los acuerdos con unos no son vinculantes para otros. Y cada cierto tiempo, en Gaza, se requiere de una iniciativa israelí que impida el lanzamiento de cohetes, se cause destrucción sobre infraestructura, desagradables daños colaterales, paralización de Israel con sus habitantes cerca de refugios, para luego proceder a la reconstrucción de Gaza, recuperación de infraestructura y lanzamiento de cohetes.

La operación Flecha y Escudo ha demostrado una impecable ejecución militar de Israel, un golpe certero a su enemigo. Y también ha develado la anarquía imperante. Una anarquía en la cual se escuda la dirigencia palestina para no reconocer, no negociar y no dejar de agredir.


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