María Angélica Miranda Yabar
Cuando la mirada nace desde el alma, es posible intuir que cada latido de esos corazones —abatidos por décadas de sombras— es, en realidad, un mensaje silencioso de ansias de libertad. Se puede adivinar la coherencia en su convicción y la fuerza de su identidad cultural.

Es doloroso reconocer cómo, entre tantos atropellos, se desvirtuó el uso del velo; aquel que en tiempos de
Ciro el Grande representaba dignidad, fue transformado en una herramienta de control político, cargada de restricciones y severas sanciones. Este cambio arrojó a la mujer sencilla, a esa mujer de alta moral, a una lucha desigual. Sin embargo, su protesta pacífica en busca de la autonomía sobre su propio cuerpo no ha cesado.
Hoy, esa libertad está en vías de cristalizarse. Será una conquista equiparable a la Batalla de Opis, donde Ciro el Grande consolidó su control sobre Asia Occidental; pero esta vez, la victoria no será de un imperio, sino de la dignidad. Esta libertad le ofrece un continente de moral y respeto a la mujer luchadora, un obsequio más que merecido en el marco del
Día Internacional de la Mujer.Solo ruego a mi Dios y al suyo —con mil perdones en los labios— que no permita que el costo de esta libertad opaque la magnitud de la conquista de “esa mujer” en esas tierras benditas.
Confío plenamente en que este gran reto será aprovechado magníficamente por ese ser tan especial que es la mujer iraní.
Y el tiempo… el tiempo sigue transcurriendo, pero su huella ya es eterna.

PRIMERA VISITA
Tuve la oportunidad, que fue convirtiéndose en un privilegio, de vivir en un pueblo ancestral y compartir momentos singulares con su gente franca e ingenua.
Mi bienvenida se reanudaba cada día, según los visitantes se congregaran, el centro de todo! era la recién llegada de un mundo diferente.
Sobraban manos para ofrecer sus atenciones; dias de fiesta, de frutos exóticos, platillos coloridos y dulces interminablemente abundantes. Agasajos al extremo de sonrojarme pues venían plenos de algarabía, cortesía y generosidad extrema, unidas a danzas en mi honor que me sobrecogían y el desfile de nuevos amigos, cada vez más numerosos.

Días interminables que me agotaban de placer; y todo por esa especial cultura de gratitud y afabilidad.
Luego lo cotidiano, sin restar atenciones ni cortesía cada quien en su rol cuidadosamente determinado, de fiel y cabal desarrollo dentro de cada esquema social ya bastante reglamentado. La libertad masculina casi como sinónimo de fortaleza, ejerciendo silenciosa pero contundente autoridad, más sin embargo, paradójicamente accediendo a toda sugerencia femenina.
Las damas de dócil presencia y sutil ritmo en sus figuras desplegando innata femineidad, ataviadas de rigor, que aún siendo no tan bienvenido jamás pueden prescindir de tal atuendo, sino, solo y únicamente con su familia en primer grado; más sin embargo y sin expresar opinión en contrario, muchas dejaban ver de soslayo que preferirían poder elegir; pero no será así; probablemente rememoran el lugar que la mujer ostentaba en tiempos de Ciro El Grande; pues el gran orgullo de ese su imperio, está tatuado en sus corazones.
Estoicas por sana tradición así como humanas por naturaleza, no dejan de sufrir inquebrantablemente los designios, llámese decisiones, de sus caballeros, que en el ejercicio de sus derechos; y para no abundar en ejemplos, pueden contraer nupcias posteriores a la primera, según su condición de solvencia lo permita.
“Celebro” toda manifestación de libertad, para consolidar el ejercicio de los derechos de cada ser vivo en el planeta.La autora pudo conocer en diversas visitas las raíces más profundas de un pueblo histórico