Hermán Henríquez López-Fonseca, “Manche Henríquez”, celebra su centenario en su amada Coro, lúcido, conversador, memorioso
LOS 100 AÑOS DEL ÚLTIMO JUDÍO DE CORO
      A-    A    A+


Isaac López

Antigua leyenda sefardí es la de las “Llaves de España”, narración que simboliza la nostalgia y la esperanza de retorno tras la expulsión de 1492.

Luego de una presencia fundamental en la península ibérica, los judíos emprendieron un largo periplo, marcado por la incomprensión y la intolerancia.

Se dice que una de esas corrientes migratorias pasó a Holanda, luego a Recife, en Brasil, y posteriormente a la isla caribeña de Curazao. Desde allí fueron frecuentes, durante los siglos XVII y XVIII, los contactos con la tierra firme de la actual Venezuela, hasta que en 1824, amparados en las proclamas liberales de los republicanos —libre comercio y libertad de cultos— arribaron a la Casa del Sol: la ciudad de Coro.

Mucho se ha escrito sobre la Comunidad Judía de Coro, y mucho falta aún por investigar y discernir. Nombres como Pedro Curiel Ramírez, Pedro Manuel Arcaya, José Rafael Fortique, Elina Lovera o Blanca De Lima realizaron, a lo largo del tiempo, contribuciones significativas para la comprensión de su devenir histórico.

Descendiente de aquellos hebreos es Hermán Henríquez López-Fonseca, nacido el 21 de enero de 1926 en la ciudad de Coro, hijo de Daniel Henríquez y Eliana López-Fonseca, y hermano de Thelma y Alberto.

De Manche —como se le nombró en mi casa y entre los míos desde que tengo uso de razón— pueden establecerse múltiples valoraciones. Factor principal de la economía coriana durante las décadas de 1940 y 1950, directivo de la Cámara de Comercio de Coro en los años sesenta, fue desde siempre promotor de esfuerzos reivindicativos en favor de la ciudad y de la región.

Pero no solo fue hábil y destacado comerciante y empresario. Manche Henríquez formó parte y brindó apoyo a proyectos culturales esenciales en el devenir del estado Falcón, como la Junta para el Fomento, Remodelación y Conservación de la ciudad de Coro; el Museo Diocesano de Coro Lucas Guillermo Castillo; el Ateneo de Coro; el Centro de Historia del Estado Falcón; el Museo Alberto Henríquez; y la Bienal Elías David Curiel.

Su amigo Luis Alfonso Bueno, compañero fraterno en múltiples iniciativas por la comarca del occidente venezolano, escribió en la solapa de una edición de la Biblioteca de Autores y Temas Falconianos sobre Manche Henríquez: “Es un notable exponente de la corianidad, sin menoscabo de la venezolanidad íntegra, y la visión del mundo que alientan su pensamiento y su laboriosidad afirmativa, teniendo a Coro por principal y entrañable destinataria, han ocupado y desvelado el tiempo de una vida meritoria”.

“Laboriosidad afirmativa”, orgullo por una herencia, vínculo y sentir. Gestor principal de la Fundación del Patrimonio Cultural Hebreo Falconiano, a él se debe el sostenimiento durante muchos años del Cementerio Judío de Coro y el reconocimiento de la Sala de Oración y la mikvé. Pero, sobre todo, el mantenimiento de los lazos con la comunidad judía venezolana, a través del Centro de Estudios Sefardíes de Caracas y la Asociación Israelita de Venezuela, así como la preservación de los factores que enaltecen la presencia sefardí como parte sustantiva de la historia regional.

Integrante de una generación de corianos preocupados por la ciudad y la región —entre los que cabe mencionar a Ernesto Silva Tellería, Raúl López Lilo, Adolfo Zárraga Tellería, Luis Arturo Domínguez, Alfredo Van Grieken, Pedro Luis Bracho Navarrete, Rafael Calles Sierra, Mario Jacobo Penso, Freddy Cuba o Virgilio Medina—, reconocido por instituciones públicas con órdenes y condecoraciones, para Manche Henríquez la mayor honra sería la seguridad del resguardo de la Colección de Arte de su hermano Alberto Henríquez, donada a la Universidad Francisco de Miranda.

El Shabat, Rosh Hashaná y el Yom Kipur fueron celebraciones de los miembros de la Comunidad Judía de Coro, efectuadas en la rigurosa intimidad, pues desde siempre se les consideró extraños y, en diversas ocasiones, la maledicencia, el oportunismo o la intriga política se cebaron sobre ellos. Fue el progresivo alejamiento de ciertas tradiciones y la voluntad de integrarse a las dinámicas locales lo que obró en favor de su incorporación. A partir de allí, los Curiel, Mayerston, Capriles, Senior, De Lima, Cohen, Dacosta Gómez, Castro, Namias, Salcedo, entre otros, se hicieron corianos. Pues Coro es un sentir más entrañable que Falcón.

Así Manche Henríquez, a quien se nombraba entre los míos junto a sus hermanos y primas Sara Selinda, Eliana y Adriana López Fonseca, como parientes lejanos, descendientes todos de los hermanos Levy Maduro López-Fonseca.



Cuenta la leyenda que los judíos se llevaron las llaves de sus casas cuando fueron expulsados de Sefarad, esperando regresar algún día, conservándolas como legado de su antigua patria.

Mi pariente Manche Henríquez llega hoy a los 100 años, lúcido, conversador, memorioso y como en el poema, lo celebra en su amada Coro. No necesita llaves, él tiene todas las puertas abiertas. Sólo entra por sus portones con agradecimiento, entra a sus palacios con alabanza, con veneración y arraigo por la tierra que es casa y cobijo, razón e identidad. Da gracias por una vida plena de servicio. Y todos los corianos agradecemos también.



Ver más artículos de Isaac López en