Rafael Simón Jiménez
Venezuela y Colombia, han estado condenadas por la historia y por la geografía a compartir un destino y una frontera común, vínculo indisoluble, que a lo largo del devenir contemporáneo ha alternado largos momentos de cooperación, paz y entendimiento, y también de tensiones, diferencias y conflictos. Fue Simón Bolívar, el padre Libertador de ambas patrias el que mejor comprendió la necesidad de estrechar esas identidades, esforzándose por construir un proyecto unitario, lamentablemente fracasado por la existencia de distintos intereses y factores que conspiraron contra su continuidad.
Cuando en 1830, se formaliza la disolución de la llamada Gran Colombia, los gobiernos y los diplomáticos de ambos Estados, se proponen allanar la solución de los asuntos comunes pendientes, entre otros el de la delimitación fronteriza y el de la división de la deuda contraída para sufragar los gastos de la guerra y el mantenimiento de la administración pública. Arturo Michelena por Venezuela y Lino de Pombo por Colombia, buscarán solución negociada a ambos temas, que en el caso de las fronteras terrestres y a pesar de los logros alcanzados en el acuerdo es rechazado por el Congreso venezolano, dándose inicio a una larga y aun inconclusa controversia, de la que Venezuela saldría mal parada a la hora de los fallos jurisdiccionales.
LA POLÍTICA
En el Siglo XIX la relación binacional se consume en incontables esfuerzos por zanjar el asunto de la delimitación territorial, fuente de recurrentes tensiones. También en ambos países la política interna se polariza entre liberales y conservadores, solo que en Venezuela la guerra federal acaba con el llamado partido “godo “ , implantando una larga hegemonía liberal –amarilla que se inicia con Antonio Guzmán Blanco y cuyo ciclo cierra Joaquín Crespo, casi treinta años mas tarde. Perseguidos de uno y otro bando, encuentran refugio en los gobiernos que les son afines en Colombia o Venezuela, conformándose una identidad de propósitos entre políticos granadinos o venezolanos de un mismo signo ideológico.
En 1899, la llegada al poder de los “andinos “al mando de Cipriano Castro, introduce cambios sustanciales en la realidad venezolana. El jefe expedicionario andino tiene fuertes vínculos al otro lado de la frontera, ha sido estudiante del Seminario de Pamplona y luego en sus años de prolongado destierro ha encontrado hospitalidad y apoyo de los gobiernos liberales colombianos, por lo que al llegar al poder se propone ayudar a su par colombiano el general Rafael Uribe Uribe empeñado en las luchas militares contra el gobierno conservador del Presidente José Manuel Marroquín.
Uribe Uribe, alentado desde Caracas, plantea la necesidad de reconstruir la gran Colombia bajo la hegemonía liberal.
El gobierno de Marroquín reacciona, reclutando al general venezolano Carlos Rangel Garbiras, exiliado en la frontera venezolana y a quien Cipriano Castro ha negado la posibilidad de compartir el mando en su expedición, se coloca bajo su mando un improvisado ejército de 3.000 colombianos que vestidos de paisanos para disfrazar su nacionalidad invaden el territorio de Venezuela el 26 de Julio de 1901 saqueando poblaciones, hasta ir a estrellarse contra las fuerzas del ejército venezolanas acantonadas en la capital del Estado Táchira, donde luego de varios días de combate son repelidas y desbandadas, muriendo en la defensa de la plaza, el general falconiano Rosendo Medina padre del futuro Presidente de Venezuela Isaías Medina Angarita.
LA HORA DE CASTRO
Envalentonado por su victoria militar, el Presidente Cipriano Castro, decide devolver el golpe y arma un ejército que al mando del general venezolano José Antonio Dávila, invade Colombia por la goajira venezolana. Esta incursión no correrá suerte distinta a la de Colombia, y los soldados tendrán que padecer las más inhóspitas y adversas condiciones, diezmados por los indios goajiros, y retirarse luego de haber sufrido cuantiosas pérdidas.
Con esta doble tanda de fracasos en la guerra fratricida, se cerraron los ciclos de los enfrentamientos armados entre Colombia y Venezuela, a partir de allí, las tensiones, las diferencias y los temas neurálgicos siempre han sido resueltos con apego a la sabia receta de las negociaciones directas y la diplomacia.