Carlos Andrés Pérez Noguera, fundador de la Academia Atmósfera Creativa, ofrece una nueva visión de la comunicación del siglo XXI
COMUNICACIÓN EN LA ERA DEL CONTENIDO
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Ma MPer

Pensar en comunicación hoy desde la perspectiva profesional es como darle la razón a Marshall McLuhan, pero multiplicado. Todos andamos con el móvil en la mano, consumiendo y difundiendo contenidos. Le dedicamos más tiempo que a cualquier otra cosa. Esto representa un desafío para quienes quieren dedicarse a la comunicación. ¿Cuántas preguntas nos podemos hacer sobre esto?

Es precisamente a partir de este desafío que Carlos Andrés Pérez Noguera, productor y periodista venezolano, ha dedicado parte de su vida a la universidad. Desde los salones de las escuelas de comunicación siempre sintió un sinsabor con respecto al vacío que deja la academia frente a la práctica. Aunque esta brecha pasa en otras disciplinas, es en la comunicación donde se evidencia que no basta solo la técnica y el talento.

En búsqueda de una respuesta, quiso explorar en la educación en línea y fundó la Academia Atmósfera Creativa, homónima de su empresa de producción audiovisual con la que cuenta con más de 22 años.

¿Por qué la idea de una academia?

Durante la pandemia, me invitó la doctora Karina González a dictar clases de audiovisuales en uno de los postgrados del Centro de Investigaciones Psiquiátricas, Psicológicas y Sexológicas de Venezuela, dirigido por el doctor Fernando Bianco. Una hermosa oportunidad, pero que me dejó muchas inquietudes sobre la educación online y de cómo podía hacerse mejor. Había explorado plataformas como Domestika, Platzi y Crehana y en Venezuela no había una que tuviera esa difusión y potencia. Ya estaba creado el reto en mi mente, con todas esas potencialidades y más, se podía masificar, crear comunidades, explorar en un mercado relativamente virgen, aunque global.


¿Qué impulsó la creación de los diplomados?
 
La primera idea la tuvo la profesora Liduzca Derett, un genio de la investigación fotográfica de la Universidad Central de Venezuela. Nos conocimos en una conferencia cuando junto a Luis Noguera, vicepresidente del Círculo de Reporteros Gráficos de Venezuela (CRGV), ofrecimos impartir cursos de fotografía en esta casa de estudios. Fue un buen momento para confirmar lo difícil que es que las instituciones tradicionales se muevan, la resistencia al cambio y a la innovación es poderosa.

Queríamos que fuera una educación de alto nivel, ágil, aplicando las mejores prácticas y técnicas avanzadas como el superaprendizaje, la ludificación y la interacción, para los tutoriales Youtube es genial. Necesitábamos ir más allá y fue la Universidad Pedagógica Experimental Libertador - Instituto Pedagógico de Caracas (UPEL-IPC) la que nos abrió la puerta.

Mientras desarrollábamos el programa, tuvimos que lograr establecer un equilibro entre las bases teóricas y la práctica. La verdad es que filtrar el contenido de toda una carrera hacia un contenido más breve era complicado, complicadísimo, era tanto contenido que nos pusimos la vara bien alta.
 
Pero el desarrollo del modelo de diplomados nos hace tener la base para avanzar desde la fotografía hacia contenidos más contemporáneos como la creación de podcast, producción de eventos o mercadeo. Así que fotografía es el primer paso.
 
Sigues dando clases en la universidad, los estudiantes siempre son vientos de cambio y son nativos de lo digital ¿Qué diferencia lo que se hace en la carrera de Comunicación Social con la oferta de la Academia?

La comunicación en los medios cambió desde el surgimiento de las redes sociales y nos hace a todos protagonistas; no hace falta un título para ejercerla

Cuando estábamos en la universidad, nos inventamos un periódico que se llamaba Ejercicio Ilegal. Era un desafío temprano al sistema. La ley del ejercicio del periodismo en Venezuela limitaba, o limita, un montón de labores que eran privativas de los egresados, y con el tiempo esto ha cambiado. Cualquiera ofrece una noticia; los actores informativos hacen sus propios anuncios por las redes, tienen sus propios canales y los medios terminan replicándolos: el Papa o un presidente hace una publicación en X y es una noticia mundial.

Los muchachos en la universidad quieren ser parte de eso y está muy bien; las universidades se transforman, la Universidad Católica Andrés Bello, por ejemplo, redujo su pénsum a cuatro años y abrió carreras como la de videojuegos. Pero el mercado va mucho más allá.
 
Los comunicadores cambiaron su rol en medio de tanta tecnología veloz, y esas herramientas las necesitan profesionales y empresarios de cualquier área.

¿Quiénes te acompañan en el Diplomado?

Me encargué de reclutar a un grupo de profesionales con amplia experiencia y, sin ningún pudor, puedo decir que todos son los mejores en su área. Me costó convencerlos muchísimo y orienté la formación a lo básico y sustantivo, así como hacia los conocimientos que no se ven en la universidad, de forma que también sea complementario y atractivo, incluso, para comunicadores profesionales, al incluir materias como ventas, educación y redes sociales, discurso y un complemento teórico llamado 100% Comunicación.

Pero, te digo, los mentores en esta área son, en su mayoría, doctores y postgraduados, como el profesor Carlos Zavarce, que es periodista, historiador, filósofo, educador, difusor y tiene más de 39 libros publicados. La leyenda del periodismo venezolano Manuel Felipe Sierra, es el encargado de hablar de los discursos, su tipología y más allá de eso de su experiencia desde la radio, evolucionando al periodismo verdadero del reportero, al nuevo periodismo, la televisión y la vigencia de hoy.

El doctor Renny Yagosesky, autor de seis libros y referente en redes sociales con una comunidad que supera los 300 mil seguidores, tratará uno de los temas más relevantes y necesarios en la actualidad: la Psicología de la Comunicación. En esta unidad, explora cómo los procesos psicológicos influyen de manera decisiva en la forma en que nos expresamos, interpretamos y nos relacionamos. Más que un contenido académico, esta experiencia se convierte en un camino de autodescubrimiento, en el que los participantes aprenden a identificar los elementos esenciales del acto comunicativo y comprenden cómo esta herramienta, una vez conocida, puede transformar su manera de interactuar en cada ámbito de la vida.

Para la fotografía, el área sustantiva, además de la profesora Liduzka Derett, que privilegia su clase con una memoria y una capacidad descriptiva sobrenatural, nos acompañan fotógrafos de verdad, los maestros del CRGV, Luis Noguera, Henry Delgado, Alejandro van Schermbeek, Andrés Eloy Blanco quien es además su presidente.
 
También nos acompaña el profesor Juan Carlos Incoronato, un fotógrafo y cineasta que, además de un vasto currículo como docente, mezcla una gran sensibilidad por enseñar fotografía con la práctica directa con el estudiante, algo que para mí es inédito.

Para el tema digital, Richard Torres, un inquieto licenciado en artes y educador, que además dirigió la primera serie de dibujos animados hecha en el país y es un fanático de la tecnología y el revelado digital, nos pondrá a todos en vigencia con los avances.

Innovamos con ventas para comunicadores y el perfecto es Carlos Enrique López, comunicador y gerente de ventas de medios desde hace años. Es imprescindible que el nuevo profesional aprenda a darle valor a su trabajo y cómo comercializarlo.

Las redes sociales son espacios para hacerse viral, pero también para educar, y la verdad es que siempre se habla de la función docente del comunicador, pero en la universidad no nos lo enseñan. Para eso Natchaieving Méndez es perfecta: no solo es periodista con todas las letras, sino que también es profesora egresada del Instituto Pedagógico de Caracas (UPEL) y, como si fuera poco, tiene un doctorado en Patrimonio Cultural, como ejemplo de su pasión incalculable por promover valores. Es como un 9 milímetros intelectual que logré reclutar para esta formación.
 
Por último, y no menos brillante, mi condiscípulo de la universidad, Marco Tulio González, se encargará de enseñar lo que ha hecho desde que dejó de ser un increíble reportero de sucesos: el diseño de las redes sociales, sector en el que se ha destacado en empresas con marcas de consumo masivo mundial.
 
¿Eso no es como toda la carrera de comunicación social reducida?

Si y no. Enseñamos los fundamentos, el comunicador social universitario tiene que desarrollar competencias especificas en el área de redacción y producción técnica con más profundidad. No es cierto que en una formación complementaria de seis meses podemos sustituir los tres años que pasamos en talleres de escritura y redacción de periodismo, publicidad y audiovisual durante la carrera, pero es, sin duda, la vía rápida para tener herramientas clave y actuales para ofrecer de inmediato un producto de calidad. En esta primera edición la orientamos hacia la fotografía, pero pronto vendrán más contenidos, creciendo, innovando y siempre en tendencia.

Tu eres hijo de Omar Pérez, quien fue fundador de la Asociación Venezolana de periodistas y del Colegio, con una larga trayectoria en periódicos como El Nacional y El Universal ¿Eso te marcó lo que haces hoy en día?

Yo no soy de la teoría de que hijo de gato caza ratones. Llenar los zapatos, o mejor dicho, usar la máquina de escribir de mi papá, por mucho no me queda. Él fue un profesional inmenso; además de hacer periodismo impreso y política, inventó un noticiero en televisión para la Creole Petroleum que se llamó El Observador Creole, en el antiguo canal 8 cuando aún era privado. Allí también fue un innovador para su época, con su ranita del tiempo y un títere parlanchín que se llamaba Valejuan, como el perro de la casa. Era un sabio divertido en su dimensión y tiempo; mi realidad es otra.
 
Yo quería ser publicista y terminé en los pasillos de la universidad peleando reformas. Luego quería ser reportero y terminé haciendo periodismo humorístico e irreverente, que me costó la cabeza en los canales de televisión. Así que me dediqué a la producción independiente como documentalista y creador de productos. Por carambola, caí en la educación, que me atrapó, me apasiono, me embrujó y ojalá no salga de aquí por mucho tiempo.

   
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