Desde hace más de tres meses un poderoso despliegue militar de Estados Unidos opera en el Caribe. Si bien es costumbre la realización de ejercicios similares en la zona, en este caso se adujo que se trataba de una operación antidroga en la región, si bien es sabido y comprobado que la principal ruta de estupefacientes hacia Estados Unidos es el Océano Pacífico. También se alertó sobre un seguro ataque militar en Venezuela, dadas las crecientes tensiones entre ambos países, alentada y apoyada por el sector opositor venezolano radicado en el Norte.
Hasta ahora la acción contra el tráfico de drogas que lógicamente debió centrarse en en otras zonas ha consistido en ataques misilísticos contra pequeñas lanchas sin ser previamente identificadas y considerados por la ONU y en buena medida por la comunidad internacional como “ejecuciones extrajudiciales”
La supuesta invasión a territorio venezolano se ha traducido en una intensa campaña psicológica con efecto en los medios de comunicación y la población nacional sometida de por sí a serias calamidades. Todo hace presumir que se buscaba de esta manera provocar el llamado “quiebre de gobierno” que ya fue intentado sin éxito con la novedosa figura de la intervención incruenta del “gobierno paralelo” en 2019.
En los últimos días se han registrado gestos y declaraciones de Donald Trump y Nicolás Maduro que insinúan la posibilidad del diálogo entre los gobiernos, lo cual no parece viable dada la gravedad del enfrentamiento, impulsado además por el un tenso escenario internacional de guerra cognitiva.
¿EE.UU ATACARÁ A VENEZUELA?
Víctor Álvarez R
En 2019, Donald Trump y Marco Rubio, defendieron una acción militar en Venezuela para lograr el llamado “cese de la usurpación, implantación de un gobierno de transición y convocatoria a elecciones libres” que para entonces promovía el interinato de Juan Guaidó. Trump y Rubio también apoyaron el fallido Golpe de Estado del 30 de abril de 2019 que fracasó en su intento de derrocar a Nicolás Maduro.
La agencia Reuters publicó una investigación[1] en la que dice haber consultado a más de 50 fuentes, incluyendo exfuncionarios y funcionarios actuales de EEUU, miembros de la oposición venezolana e informantes de agencias de seguridad estadounidenses que aportaron detalles sobre las gestiones del equipo asesor de María Corina Machado en Washington para convencer a la Administración Trump de que Nicolás Maduro es el líder de una organización criminal que invade a EEUU con enfermos mentales, delincuentes y narcoterroristas y, con base en esa narrativa, justificar ataques militares que sirvan para forzar un cambio de régimen en Venezuela.
El mencionado informe comienza diciendo que el 6 de enero de 2025, cuatro miembros del equipo de MCM se reunieron con Mike Waltz para explicarle lo que pasa en Venezuela y que, entre enero y abril, hubo al menos ocho reuniones con Waltz, Marco Rubio, Mauricio Claver-Carone y Christopher Landau. David Smolansky fue el vocero y expuso que un grupo armado de origen venezolano denominado Tren de Aragua (TDA) está dirigido por el propio Nicolás Maduro. Según las fuentes de Reuters, MCM intervino por videollamada para reafirmar que a Venezuela la gobierna una banda criminal.
Es un hecho público, notorio y comunicacional que estas gestiones influyeron en la narrativa y decisiones de Trump de declarar al TDA como organización terrorista que amenaza la seguridad nacional de EEUU. Este relato le sirvió a Trump para invocar la Ley de Enemigos Extranjeros de 1798 y comenzar a deportar a migrantes venezolanos sospechosos de ser miembros del TDA. Sin embargo, explica el Informe, en un caso presentado por la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU) contra la política de deportación de Trump, un tribunal de apelaciones rechazó la idea de que se estuviera llevando a cabo una “invasión” a EEUU. Aun así, 238 migrantes venezolanos fueron enviados al Centro contra el Terrorismo (CECOT) en El Salvador.
A MCM se le ha criticado por haber apoyado estas deportaciones al CECOT, por no defender a los migrantes venezolanos de los ataques de Trump, ni oponerse a la decisión de eliminar las protecciones migratorias a cientos de miles de venezolanos que ahora son detenidos y deportados bajo sospecha de ser miembros del TDA. Al vender esta historia a la Administración Trump, el equipo asesor de MCM no midió las repercusiones negativas que esto tendría en la satanización y persecución de los migrantes venezolanos en EEUU.
Reuters indica que en la investigación realizada no se encontraron pruebas independientes para demostrar que Maduro dirige el TDA o de que lo estuviera utilizando para invadir EEUU con enfermos mentales y delincuentes. Otro informe desclasificado el pasado mes de abril por el Consejo Nacional de Inteligencia de EEUU que examinó los vínculos del gobierno venezolano con el TDA, concluyó que, si bien algunos funcionarios venezolanos “pueden cooperar con el TDA para obtener beneficios económicos”, Maduro no dirige las operaciones de esta banda criminal.
¿OPERACIÓN PSICOLÓGICA O AMENAZA CREÍBLE?
Gracias a la narrativa construida en torno al TDA y al CDS como organizaciones narcoterroristas que ponen en peligro la seguridad de EEUU, Trump ha ejercido sobre Maduro una presión sin precedentes y ha escalado las amenazas: duplicó la recompensa por Nicolás Maduro a 50 millones de dólares, desplegó naves de guerra hacia la frontera marítima de Venezuela, ejecuta ataques letales contra embarcaciones que salen de Venezuela, autorizó operaciones encubiertas de la CIA y anuncia una nueva fase de ataques por tierra contra el narcoterrorismo y sus líderes.
MCM ha expresado públicamente su convicción de que una amenaza creíble a través de una creciente presión militar de EEUU es lo único que puede lograr la salida de Nicolás Maduro. Tiene el apoyo de los congresistas republicanos de origen cubano, María Elvira Salazar, Claver-Carone, Díaz-Balart y Carlos Giménez, quienes han planteado la intervención militar contra el gobierno venezolano con el argumento de que, si cae Venezuela, también cae Cuba. Estos congresistas que promueven una intervención militar contra Venezuela son los mismos que en 2024 firmaron una carta nominando a MCM para el Premio Nobel de la Paz.
Donald Trump negó tener planes de una ofensiva militar contra Venezuela, desmintiendo a The Miami Herald y The Wall Street Journal que informaron sobre la inminencia de los ataques. En un post publicado en su red social X, Marco Rubio también negó estos planes contra Venezuela y acusó al Miami Herald de difundir una historia falsa. ¿Acaso Trump y Rubio están buscando que el gobierno de Maduro baje la guardia para atacar con un factor sorpresa? ¿O será un cambio de rumbo de la Administración Trump ante las advertencias de la ONU de estar violando el derecho internacional y llevar a cabo ejecuciones extrajudiciales?
Lo cierto es que EEUU sigue incrementado su presencia en el mar Caribe. Con la llegada del USS Gerald Ford se amplía un despliegue militar sin precedentes que ya ha hundido 15 embarcaciones y causado más de 60 muertes. Esta amenaza creíble llevó al gobierno venezolano a activar todas las alarmas, a movilizar la FANB y activar las milicias armadas. Si los ataques militares de EEUU finalmente se llevan a cabo, logran forzar una salida violenta de Maduro y se desata una “cacería de brujas” contra los 23 gobernadores, 285 alcaldes, 256 diputados y demás dirigentes chavistas, estos cuentan con la protección de colectivos y milicias que pasarán a la resistencia armada y así se corre el riesgo de que el país quede atrapado en una larga espiral de violencia y destrucción. Si lugar a dudas, se trata de una apuesta de alto riego, si el régimen venezolano se mantiene unido, aguanta los ataques a objetivos internos y Maduro logra permanecer en el poder, la decepción será demasiado grande y los venezolanos que quieren un cambio quedarán nuevamente frustrados por otra promesa incumplida de la dirigencia opositora que cuenta con el apoyo de EEUU.
LA “DONROE”
El intento de Trump de controlar el hemisferio occidental
Jack Nicas
Estados Unidos ha intentado durante mucho tiempo inclinar la balanza en América Latina, donde ha apoyado golpes militares, llevado a cabo operaciones encubiertas e invadido Panamá.
El presidente Donald Trump comenzó el año con promesas de apoderarse del canal de Panamá, tomar el control de Groenlandia y renombrar el golfo de México como golfo de América.
Lo está terminando con bombardeos a barcos de Sudamérica, desplegando el portaaviones más grande del mundo en el Caribe y explorando opciones militares contra el líder autocrático de Venezuela.
En un giro radical respecto a décadas de política exterior estadounidense, el hemisferio occidental se ha convertido en el principal escenario de operaciones de Estados Unidos en el extranjero. Además de amenazas y acciones militares, este año la Casa Blanca ha implementado aranceles punitivos, sanciones severas, campañas de presión y rescates económicos en toda América.
Trump ha dicho que pretende impedir la entrada de drogas y migrantes en Estados Unidos. Pero, en otros momentos, altos funcionarios del gobierno han sido explícitos en que su objetivo general es afirmar el dominio estadounidense sobre su mitad del planeta.
“Cree que este es el barrio en el que vivimos”, dijo Mauricio Claver-Carone, enviado especial de Trump para América Latina hasta junio, quien sigue asesorando a la Casa Blanca. “Y no puedes ser la potencia global preeminente si no eres la potencia regional preeminente”.
Estados Unidos ha intentado durante mucho tiempo inclinar la balanza en torno a América Latina, donde ha apoyado golpes militares, llevado a cabo operaciones encubiertas y ha invadido Panamá.
Esa política exterior estadounidense estuvo a menudo vinculada a la ideología. Durante la Guerra Fría, se trató de defender el capitalismo, aunque ello supusiera respaldar a dictadores. En las últimas décadas, a medida que la atención se desviaba hacia las guerras y la competencia en el otro hemisferio, el foco fue la democracia y el libre comercio en América Latina.
El enfoque de Trump parece puramente pragmático: ¿Qué gana Estados Unidos?
Un mayor control del hemisferio, y en particular de América Latina, promete grandes beneficios. Están en juego amplios recursos naturales, posiciones estratégicas de seguridad y mercados lucrativos.Respaldado por un equipo de halcones con una larga trayectoria en América Latina, entre los que destaca el secretario de Estado Marco Rubio, Trump está revisando la política estadounidense en la región para intentar extraer esos beneficios.
El efecto ha sido una reordenación de la política en toda América. Muchos líderes se han replegado para alinearse con Trump —a menudo obteniendo grandes beneficios a cambio— o han apostado sus gobiernos por desafiarlo.
Muchos observadores han empezado a llamar al nuevo enfoque estadounidense “doctrina Donroe” —término que apareció en enero en la portada de The New York Post—, un giro trumpiano a una idea del siglo XIX.
En 1823, el presidente James Monroe aspiraba a impedir que las potencias europeas se entrometieran en el hemisferio.