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CIUDADANÍA EN LA ERA DIGITAL
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Eduardo Caballero Ardila

En días recientes, junto a la investigadora criolla Yrabel Estrada Monges, tuve el honor de presentar el resultado de una investigación que lleva por título “Ciudadanía en la era digital. Humanos, máquinas y el futuro de la convivencia”. Fue publicado gracias al esfuerzo de ab Ediciones, sello editorial de la Universidad Católica Andrés Bello que tiene como como capitán y mentor a Marcelino Bisbal.

 

En esa obra partimos del escenario donde lo digital ya no es un dominio marginal o accesorio, sino el espacio central de nuestra vida pública, privada y social. En ese contexto, la noción de ciudadanía, tradicionalmente vinculada al espacio físico o a la esfera de lo público, se revisa, se amplía y se transforma.

La era digital exige repensar qué significa ser ciudadano, no sólo en términos de derechos y deberes, sino de convivencia, de interacción con máquinas e inteligencias artificiales, de entornos híbridos humano-máquina y de estructuras de gobernanza que respondan al nuevo tejido tecnológico.

La tesis central de la obra es la propuesta de la “mecidencia”, un neologismo que fusiona máquina e identidad, como base de la ciudadanía digital. La propuesta considera que los entornos digitales funcionan como “laboratorios ético-políticos” en los que se experimenta la convivencia entre humanos, máquinas y algoritmos.

Estos espacios demandan que la ciudadanía digital aprenda a operar con nuevos vectores tales como un reconocimiento algorítmico, la estructura de datos, infraestructuras que median nuestras relaciones, y protocolos de interacción que no existían hace pocas décadas.

En estos laboratorios se plantea, que la ciudadanía debe participar no sólo como sujeto que recibe servicios tecnológicos, sino como actor que define valores, corrige sesgos, supervisa decisiones automáticas y co-diseña la arquitectura digital del bien común.

Es por ello que se propone un cambio de paradigma en la relación humano-máquina. Ya no basta con una visión de dominio o sustitución, donde la base de la relación sea que máquina puede reemplazar a los humanos, ese temido momento que algunos investigadores o futurólogos han denominado como “la singularidad”, sino que se plantea una colaboración simbiótica entre inteligencia humana y artificial. Ambas pueden potenciarse mutuamente cuando se establecen marcos éticos, de participación y de equidad.

Dicho de otro modo, la máquina no es únicamente herramienta, sino mediadora de nuevas formas de vida en comunidad, interacción, deliberación y responsabilidad.

El concepto de la mecidencia abarca también los desafíos de gobernanza, ética y desigualdad que emergen de este nuevo escenario. En particular, este concepto subraya que temas como el avance tecnológico, la automatización, el big data o los ecosistemas de plataformas digitales, no son automáticamente igualadores, Por el contrario, pueden reproducir o agravar sesgos, exclusiones y vulnerabilidades.

 

Por ello, la ciudadanía en la era digital implica asumir responsabilidades. Conocer cómo funcionan los algoritmos que median nuestras vidas, exigir transparencia, reclamar mecanismos de deliberación, participar en espacios digitales que operen como foros públicos, y garantizar que los derechos fundamentales, tales como la privacidad, la participación o hasta la expresión para que se mantengan vigentes en los entornos híbridos.

Otro eje importante es el de la educación mediática, así mismo conocida como educomunicación o hasta como alfabetización digital, siempre vista como condición de posibilidad para esta nueva ciudadanía. No basta con tener acceso a la tecnología: hace falta desarrollar competencias críticas, éticas y estratégicas para participar activamente. Esto incluye entender los entornos digitales como espacios de coexistencia. No solamente para consumo, sino como un espacio que permite reconocernos como agentes de cambio. En otras palabras, una manera de formarnos para colaborar con máquinas y no sólo usarlas, perfilando una ciudadanía capaz de interactuar en la ciudad digital con propiedad, conciencia y capacidad de incidencia.

Es por ello relevante la dimensión de la comunidad, así como la deliberación y la construcción de normas en estos espacios digitales. Los ecosistemas digitales no deben dejarse en manos exclusivamente del mercado o de la técnica, sino que requieren de una cultura política ciudadana que participe en su definición y que estimen qué valores se priorizan, qué vulnerabilidades se corrigen, cómo se regula la interacción humano-máquina y cuál es el rol de la inteligencia artificial en nuestras democracias. En este sentido, la ciudadanía digital se convierte en un proyecto colectivo que exige espacios de deliberación, mecanismos de control y estructuras institucionales adaptadas al entorno híbrido.

Finalmente, el futuro de la convivencia es presentado como una apuesta por la integración, no por la oposición entre humanos y máquinas. Más allá del miedo apocalíptico de que las máquinas sustituyan a los humanos, debemos abogar por una coexistencia en la que la tecnología refuerce lo humano: la solidaridad, la deliberación, la participación, el cuidado mutuo, la equidad.

La máquina se convierte en mediadora, la infraestructura digital en el nuevo ágora ciudadana, y la ciudadanía en la era digital como el arte de convivir con esos nuevos entramados tecnológicos sin perder nuestra condición humana.

Es por ello que cuando pensamos en la ciudadanía en la era digital, se nos ofrece una visión amplia y crítica de lo que significa vivir, participar y convivir en un mundo cada vez más mediatizado tecnológicamente. Se nos invita de esta manera, a repensar los ejes fundamentales de la ciudadanía tales como los derechos, los deberes, la convivencia, la participación y hasta la comunidad. Desde la lógica de la era digital, donde las máquinas y los algoritmos ya no están al margen sino en el centro.

El desafío no es únicamente técnico, sino ético, político, educativo y social: cómo transformamos la convivencia humana-máquina en un proyecto de ciudadanía genuina, inclusiva y democrática.





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