Se prepara para elecciones el 17 de agosto y en este momento no se vislumbra un candidato que se perciba como el claro ganador de ese evento
BOLIVIA: ¿UN ESPEJO DE REALIDADES ACTUALES?
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Manuel Salvador Ramos

Esto traerá como consecuencia la realización de una segunda vuelta en el mes de octubre. Sin embargo, hay algo que con toda seguridad se manifestará en esta suerte de primera vuelta: terminarán 20 años de gobierno, casi ininterrumpido, del Movimiento al Socialismo (MAS), el partido que creó en 1997 el líder cocalero, Evo Morales Ayma.


Repasemos un poco lo ocurrido en el plano electoral desde aquel entonces. Con el liderazgo absoluto de Evo, el MAS ganó las elecciones presidenciales de 2005, 2009 y 2014. En todas ellas, el MAS ganó sin necesidad de ir a una segunda vuelta porque Evo obtuvo el 54%, 64% y 61% de los votos, respectivamente. Solo en el año 2019, cuando el prenombrado promovió un fraude, el resultado bajó al 47% de los votos en la primera vuelta. Evo se vio forzado a renunciar y a abandonar el país, y en medio de un convulso panorama de protestas violentas y hechos anómalos de toda índole -entorno por lo demás característico en Bolivia-, asumió el Poder Jeanine Añez (2019-2020). Las elecciones fueron anuladas y se convocó a nuevos comicios presidenciales para 2020. En este nuevo proceso electoral el MAS volvió a triunfar teniendo esta vez como candidato a Luis Arce, quien obtuvo el 55% de los votos en la primera vuelta. Esta gestión de Arce terminará a fines de este año y será el fin de años de algarabías fantasiosas, ineptitud y, como veremos mas adelante, de corrupción.

En estos momentos, las encuestas muestran un drástico cambio en las preferencias electorales de los bolivianos con respecto a las elecciones de 2020. Los sondeos más recientes están encabezados por tres candidatos de centro o centro-derecha. Lideriza las preferencias Samuel Doria Medina, un conocido empresario cementero que ha sido candidato presidencial en varias ocasiones y que es conocido por ser un férreo crítico de las políticas intervencionistas del MAS.


Samuel Doria Medina es un economista de 66 años con títulos de Arizona State University y de la London School of Economics. Doria fue Ministro de Planeamiento y Coordinación entre 1991 y 1993 durante el gobierno de Jaime Paz Zamora, y es un personaje público de larga trayectoria que ha sobrevivido a un secuestro de 45 días, realizado en 1995 por un grupúsculo llamado Movimiento Revolucionario Tupac Amaru (MRTA), a un accidente aéreo producto de la caída de un avión Cessna en 2005, y a un cáncer de vejiga. Doria fue candidato a la Vicepresidencia en Bolivia en 1997 como compañero de fórmula del expresidente Paz Zamora y ha sido candidato presidencial en tres ocasiones (2005, 2009 y 2014). También pretendió contender para Vicepresidente en 2019 acompañando a la expresidenta Jeanine Añez, pero ambos terminaron retirándose del proceso. 


Doria se define como social-demócrata y actualmente es Vicepresidente de la Internacional Socialista para América Latina y el Caribe. No obstante, a pesar de ese barniz ideológico, su postura política en esta campaña se basa en una dura crítica a la conducción económica del MAS y reitera frecuentemente “…que los socialismos del siglo XXI en América Latina han fracasado y que no tienen futuro.”

El segundo lugar en las preferencias electorales lo tiene Jorge “Tuto” Quiroga, de 65 años, quien fuera Presidente de Bolivia por casi un año entre 2001 y 2002. Quiroga fue vicepresidente durante la gestión de Hugo Banzer entre 1997 y 2001, y lo sucedió en la Presidencia cuando este renunció. Quiroga fue también líder del partido conservador Acción Democrática Nacionalista (ADN), agrupación fundada por Banzer después de dejar la presidencia por primera vez en 1978. Por cierto, había accedido al Poder como consecuencia de un golpe de Estado.

Jorge Quiroga fue candidato presidencial en la elecciones del 2005 y del 2014 y en ambas ocasiones fue derrotado por Evo Morales. Posteriormente, en 2020 anunció su precandidatura a la presidencia, pero terminó retirándose de la contienda. Ahora en 2025 “Tuto” Quiroga es el candidato de una coalición titulada “Libre” (Libertad y República), conformada por el Frente Revolucionario de Izquierda y el Movimiento Demócrata Social.

Entre los dos candidatos punteros, Doria y Quiroga, aglutinan más del 50% de las preferencias de voto de aquellos que manifiestan su intención electoral, por lo que muy probablemente la segunda vuelta se dirimirá entre ellos dos. Curiosamente, Tuto Quiroga y Samuel Doria coincidieron en el gobierno de Jaime Paz Zamora, en donde el primero fungió como Ministro de Finanzas y el segundo de Planeamiento y Coordinación. Entre los dos suman cinco candidaturas presidenciales fallidas y ambos han sido críticos frontales de los gobiernos del MAS, principalmente en lo que concierne a la política económica.


En un lejano cuarto lugar de las preferencias está Andrónico Rodríguez, Presidente del Senado en Bolivia. Es un joven líder cocalero que en algún momento fue identificado como un posible sucesor de Evo Morales. En el séptimo lugar de las preferencias se ubica Carlos del Castillo, el candidato del MAS para estas elecciones, pero que no alcanza ni siquiera el 2% de intención de voto.

¿Qué hay detrás de este drástico cambio de perspectiva política en Bolivia? Es posible que una parte del abandono de los votantes del MAS sea el reflejo de la crisis política y de la división interna que se produjo después de la salida de Evo Morales en 2019. Sin embargo, debemos recordar que incluso después de ese episodio, el MAS ganó las elecciones de 2020 en forma abrumadora, ya que Luis Arce ganó con el 55% de la votación, y este hecho nos lleva a conjeturar que existen otros factores en juego.


LA ESTUPIDEZ IDEOLÓGICA

Durante muchos años la narrativa de la izquierda de todos los colores sostuvo que la “vía boliviana”, liderada entonces por Evo Morales, era el verdadero camino al desarrollo. Frente al denominado modelo “neoliberal”, la “vía boliviana” –política y económica– era una suerte de panacea. Todos los apologistas de Evo vitoreaban los logros del milagroso Estado Plurinacional.

En la actualidad, los datos económicos y sociales muestran una realidad que está en las antípodas de aquellas celebraciones y de los foros en La Habana y en Caracas. El déficit fiscal –que va entre 8% a 10% del PBI– persiste desde hace 10 años y solo para tenerlo como punto comparativo, el PBI boliviano es alrededor de US$ 50,000 millones, la cuarta parte del PBI peruano.
 
En el 2013 las reservas internacionales netas bolivianas eran de US$ 14,000 millones, y hoy se han reducido a US$ 1,900 millones, de los cuales solo alrededor de US$ 180 millones, son dinero en cash. ¿La razón?; el Banco Central prácticamente agotó sus reservas de divisas para sostener la paridad con el dólar estadounidense. Esto provocó una caída en las importaciones y un repunte inflacionario sin precedentes desde 1991, con la consiguiente escasez de productos básicos, desde combustible hasta aceite.

Es un golpe duro para un país que hasta hace dos años tenía una inflación más baja que Alemania o Japón. A menos de un mes de las elecciones presidenciales, las protestas sacuden La Paz diariamente, mientras que los bloqueos en zonas rurales agravan el desabastecimiento en las ciudades. La semana pasada, manifestantes marcharon por el centro golpeando ollas vacías para denunciar la falta de alimentos básicos.

Hay alrededor de 600,000 empleados públicos para un país de más de 12 millones de habitantes. Es decir, un empleado público por cada 20 habitantes. Hay también más de 60 empresas públicas bolivianas, todas ellas sin ningún valor, más allá de ser un gran departamento de clientelismo público al servicio del gobierno. Asimismo, se han creado empresas amorfas y sin ningún basamento contextual debido a la política de sustitución de importaciones; como en el caso de la palma africana, que hoy está destruyendo la selva norteña.

Bolivia, hoy por hoy, es un fracaso económico y social, y solo para agregar un dato más, este broche ilustrativo: en su primer gobierno, Evo Morales armó un blindaje pseudonacionalista para “proteger el gas”, impidiendo totalmente las inversiones para la exploración y producción del gas. El resultado es que YPFB, la empresa estatal, se encarga de toda la comercialización. Si antes Bolivia vendía alrededor de US$ 6,000 millones ahora vende alrededor de US$ 2,000millones: US$ 4,000 millones menos.

LA CORRUPCIÓN

Cuando se alude lo inherente al cáncer de la corrupción, siempre nos hemos enfrentado al maniqueísmo. La naturaleza multiforme de su fenomenología, sus expresiones laberínticas y el abanico de sus vericuetos, nos muestran un monstruo que se esparce en todos los rincones de la degradación existencial y por ello rebasa infinitamente los esquemas gubernativos y, por supuesto, las connotaciones ideológicas. Sería absurdo aludir a Bolivia como un “país corrupto” en el sentido estricto, pero no deja de ser notorio que aún siendo históricamente una nación caracterizada por el primitivismo institucional y la conflictividad endémica, no era mostrada en las mediciones con tal. Denotación. No obstante, es posible que la agudización de su problemática estructural y los efectos de demostración donde se amalgama el exitismo, la droga y el lucro desmedido, hayan puesto a funcionar resortes potenciales.

Vemos entonces como muy recientemente, Bolivia ha sido ubicada como el país más corrupto de América Latina y el segundo con peor desempeño a nivel global en materia de corrupción, de acuerdo con el informe 2024 del World Justice Project (WJP), una organización internacional que evalúa el estado de derecho en 142 países.

El índice de “Ausencia de corrupción” elaborado por el WJP mide la percepción y experiencia de corrupción en cuatro ámbitos clave: el Poder Ejecutivo, el Poder Judicial, el Legislativo y las fuerzas de seguridad (Policía y Fuerzas Armadas). En todos ellos, Bolivia registra puntajes alarmantemente bajos.

El país se ubica en el puesto 141 de 142, superando únicamente a la República Democrática del Congo. El informe revela que el Poder Judicial boliviano es el que presenta el mayor nivel de corrupción, con un puesto 140, seguido por la Policía y las Fuerzas Armadas (137), el Ejecutivo (131) y el Legislativo (120).

Además, el informe muestra un deterioro sostenido en el Estado de derecho en Bolivia. El puntaje global del país cayó de 0,41 en 2015 a 0,24 en 2024, ubicándose en el lugar 131 de 142 en el índice general del WJP.

En contraste, países como Uruguay (puesto 23) y Chile (29) se mantienen como los mejores evaluados de la región. En el otro extremo, México (135), Paraguay (128), Perú (118) y Brasil (77) también muestran desempeños deficientes.

A nivel mundial, los países que lideran el ranking con los niveles más bajos de corrupción percibida son Dinamarca, Noruega y Singapur, mientras que Bolivia comparte las últimas posiciones con Estados en situación de fragilidad institucional.

Ese informe tan reciente -data de 2024-, pone en evidencia las debilidades estructurales del sistema boliviano, especialmente en la independencia judicial y el uso indebido del poder público, y plantea un llamado urgente a las autoridades para fortalecer las instituciones, promover la transparencia y restaurar la confianza ciudadana.

El corolario es oscuro para los bolivianos. Los ideólogos del Estado plurinacional y los fanáticos de la imagen “pura y auténtica” del evismo, exaltaban un “milagro” falsario; pero la verdad era otra, y ahora, desafortunadamente, el ajuste es inminente.


REFERENCIAS:
*RODRÍGUEZ, Valeria y GRACIA, Oscar
“JOSÉ LUIS ROCA Y EL COMPLEJO NACIMIENTO DEL ESTADO NACIONAL BOLIVIANO”
Ediciones SCIELO, CHILE.

*SCHAVELSON, Salvador
“EL NACIMIENTO DEL ESTADO PLURINACIONAL DE BOLIVIA”
Ediciones CLACSO PLURAL
*BAPTISTA GUMUCIO, Mariano
“HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE BOLIVIA
FONDO DE CULTURA ECONÓMICA (F.C.E.)

*INFORME 2024 WORLD JUSTICE PROJECT (W.P.A,)

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