El conflicto Irán-Israel en la era de la inteligencia artificial
LA GUERRA Y LOS ALGORITMOS
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Eduardo Caballero Ardila
Los enfrentamientos recientes entre Irán e Israel no son hechos aislados ni puramente militares; representan el último episodio de una confrontación de décadas, enraizada por razones históricas, ideológicas y religiosas. El conflicto se ha librado en distintos frentes: desde ataques militares directos hasta guerras por delegación (proxy war), en Siria y Gaza, pasando por ciberataques y operaciones encubiertas. A esta dinámica, se ha sumado ahora un actor silencioso pero determinante denominado la inteligencia artificial.
Esta tecnología, en lugar de ser exclusivamente una promesa de progreso, se revela como un arma de doble filo; capaz de proteger, pero también de destruir con una eficiencia sin precedentes. Comprender su rol en los escenarios de guerra actuales no es un lujo técnico, sino una necesidad ética y política impostergable.
IA COMO FACTOR DE PODER
Israel ha emergido como una potencia tecnológica en el ámbito de la IA, aplicándola tanto en sistemas de defensa como en inteligencia predictiva. Ejemplos de ello son los sistemas de intercepción antimisiles conocidos como la Cúpula de hierro (o Iron Dome), que utilizan algoritmos para calcular en fracciones de segundo la trayectoria de proyectiles, o hasta los drones autónomos empleados en operaciones quirúrgicas.
Por su parte, Irán, si bien limitado por sanciones, ha avanzado mediante alianzas con potencias como Rusia y China en el desarrollo de enjambres de drones, vigilancia automatizada y ciberataques. Su uso de IA es estratégico, busca nivelar la balanza con un enemigo tecnológicamente superior a través de la guerra asimétrica.
Investigaciones recientes alertan que la integración de IA en entornos bélicos representa riesgos graves. Decisiones automatizadas que pueden afectar civiles, fallos algorítmicos letales, y la posibilidad de escaladas sin intervención humana. Como señala el informe de Human Rights Watch (2021), los sistemas autónomos de armamento carecen de la capacidad para distinguir con certeza entre combatientes y no combatientes, lo que podría vulnerar el derecho internacional humanitario.
LA DISUASIÓN Y LA PROPAGANDA
En este conflicto han crecido informaciones, al igual que acusaciones por la incorporación de la IA en estrategias de comunicación, ciberdefensa y desinformación. La generación de videos falsos, la manipulación de redes sociales y el uso de bots automatizados forman parte de un nuevo campo de batalla donde la narrativa también se libra algorítmicamente. En este contexto, la IA refuerza las capacidades militares de ambos actores mientras amplifica su poder simbólico. Y aunque puede ofrecer ventajas estratégicas, también corre el riesgo de erosionar las barreras morales de la guerra y reducir la supervisión humana en decisiones críticas.
Pensemos sin temor a equivocarnos que, si se cumple la ley de rendimientos crecientes tecnológicos a los que hace referencia Raymond Kurzweil, lo que estamos viendo sería solo la punta del iceberg. La convergencia entre inteligencia artificial, robótica, nanotecnología y biotecnología abre la puerta a un tipo de guerra donde robots terrestres autónomos pudieran combatir entre sí, o donde se utilicen virus manipulados para inocular enfermedades de forma dirigidas, entre muchas otras barbaridades de quienes, cegados por la ira de un conflicto, puedan estar sacrificando el futuro de la humanidad. Escenarios que hace décadas eran ciencia ficción hoy son posibles técnicamente.
El mundo está ante una encrucijada: permitir que la tecnología nos arrastre hacia formas de conflicto cada vez más deshumanizadas o actuar desde la política, el derecho y la ética para establecer límites claros. No se trata solo de prevenir el uso de estas tecnologías para fines militares, sino de impedir que el ser humano se vuelva prescindible en sus propias decisiones vitales.
Porque si bien las guerras pueden cambiar, la humanidad no debe perderse en el proceso.
Si EE. UU. ataca Irán o asesina a su líder supremo, podría dar comienzo una fase más peligrosa e impredecible de la guerra
Si el presidente Donald Trump decide enviar bombarderos estadounidenses para ayudar a Israel a destruir una instalación subterránea de enriquecimiento de uranio en Irán, probablemente dará inicio a una fase más peligrosa de la guerra.
Y si Estados Unidos asesina al líder supremo de Irán, como Trump insinuó que era posible, no hay garantías de que sea sustituido por un líder más amistoso.
La cúpula clerical autocrática de Irán, que ha gobernado durante casi medio siglo desde la Revolución Islámica de 1979, ha demostrado su poder de permanencia, incluso frente a múltiples revueltas internas.
La demolición de Fordow, el centro de enriquecimiento enterrado en las profundidades de una montaña, podría no acabar con el programa nuclear iraní y podría llevar al país a ampliar la guerra o acelerar dicho programa.
He aquí algunas formas en que podría desarrollarse si Estados Unidos entra en guerra.
IRÁN PODRÍA NEGOCIAR
Antes de que Israel lanzara un ataque sorpresa contra el programa nuclear iraní y otros objetivos la semana pasada, Irán y Estados Unidos estaban discutiendo los límites del programa iraní de enriquecimiento de uranio. Este estaba produciendo rápidamente combustible cercano a los niveles necesarios para las armas nucleares y, a cambio de nuevos límites al programa, Irán obtendría un alivio de las sanciones económicas.
Las dos partes no estaban cerca de un acuerdo definitivo ni mucho menos, pero a principios de junio habían surgido indicios de un posible compromiso. Cuando Israel atacó Irán, las negociaciones se vinieron abajo.
Sin embargo, Irán ha indicado que sigue dispuesto a hablar, e incluso un ataque contra Fordow no acabaría necesariamente con las perspectivas de volver a la mesa de negociaciones.
Vali Nasr, experto en Irán y profesor de la Escuela Johns Hopkins de Estudios Internacionales Avanzados, dijo que si el gobierno de Trump hace una oferta atractiva después de un ataque contra Irán, como un alivio de las sanciones a gran escala o garantías de paz, aún existe la posibilidad de que Irán considere hacer concesiones.
“¿Hay alguna oferta sobre la mesa que el pueblo iraní pueda aceptar en este momento?”, dijo. “Si solo es un castigo, entonces van a pelear”. Hasta ahora, Trump no ha ofrecido muchos incentivos.
El martes pidió en un mensaje en las redes sociales la “RENDICIÓN INCONDICIONAL” de Irán.
IRÁN Y LA ACTIVIDAD NUCLEAR
Todas las miradas están puestas en Fordow. Pero es posible que Irán tenga emplazamientos nucleares secretos destinados a producir armas que Estados Unidos e Israel desconocen, aunque no han aparecido pruebas públicas de tales lugares.
Si existen, Irán podría utilizar lo que le quede para intentar acelerar su programa nuclear tras un ataque estadounidense.
Con los daños que los ataques aéreos israelíes han causado a las instalaciones nucleares y los asesinatos de los principales científicos nucleares, Irán probablemente carece de la capacidad para construir un arma nuclear rápidamente, dijeron los analistas. Aun así, podría avanzar en esa dirección y tendría nuevos incentivos para hacerlo.
“Comenzaría a verse esa escalada más amplia que han evitado”, dijo Sanam Vakil, director del Programa para Medio Oriente y el norte de África de Chatham House. Después de todo, a Irán le quedarían pocas opciones para disuadir futuros ataques, añadió.
El Parlamento de Irán ha debatido públicamente la retirada del Tratado de No Proliferación Nuclear. El tratado, del que Israel no es signatario, exige actualmente a Irán que se someta a la supervisión del Organismo Internacional de la Energía Atómica y a otras obligaciones de transparencia y que se comprometa a no construir una bomba nuclear.
Hasta ahora, el gobierno ha reiterado su larga insistencia en que el programa nuclear iraní tiene fines exclusivamente pacíficos. Pero Irán se ha negado firmemente a capitular ante una exigencia central estadounidense de que renuncie al enriquecimiento de uranio, afirmando que tiene derecho a un programa nuclear civil.
LA GUERRA, MÁS GRANDE Y MÁS TURBIA
Durante la última semana, Irán ha evitado atacar a soldados estadounidenses u otros objetivos que pudieran arrastrar a Estados Unidos a la guerra.
Es posible que sus dirigentes sigan esperando llegar a un acuerdo con el gobierno de Trump para poner fin al conflicto y desconfíen de enfrentarse al ejército estadounidense además del israelí.
Aunque Irán ha respondido a los ataques israelíes con sus propios misiles y amenazas, se ha abstenido de atacar a soldados o bases estadounidenses en Medio Oriente. Tampoco ha atacado a países árabes aliados de Estados Unidos, como Arabia Saudita o los Emiratos Árabes Unidos.
Tampoco ha disparado los precios mundiales del petróleo cerrando u hostigando el tráfico en el estrecho de Ormuz, un canal vital de transporte de petróleo al sur de Irán. Pero al menos un funcionario iraní ha advertido de que Irán podría hacerlo si Estados Unidos entra en guerra.
Y las milicias aliadas de Irán en la región, incluidos los hutíes en Yemen, Hizbulá en Líbano y grupos armados en Irak, no se han unido a la lucha. Muchas de ellas se han visto seriamente debilitadas en los últimos dos años.
Pero esos aliados iraníes aún podrían unirse a la refriega si el gobierno de Trump decide atacar.
Si Estados Unidos intenta obligar a Irán a capitular, “Irán seguirá golpeando hasta el fin de las capacidades de misiles”, dijo Ellie Geranmayeh, experta en Irán del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores.
UN CAMBIO DE RÉGIMEN
Trump dijo esta semana en las redes sociales que Estados Unidos estaba sopesando si matar al líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jameneí, pero que había decidido “no hacerlo por ahora”.
El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, dijo esta semana en una entrevista en Fox News que cambiar el régimen de Irán “podría ser sin duda el resultado” de esta guerra.
Sin embargo, aunque Estados Unidos asesine a Jameneí, es posible que no caiga el poder político religioso-militar que ha mantenido firmemente el poder en Irán durante casi cinco décadas.
Con una guerra en marcha, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, la rama más poderosa del ejército iraní, podría tomar el control del país, dijo Nasr.
Podrían instaurar un gobierno más favorable a Occidente o, lo que es más probable, sustituir a Jameneí por una figura más extrema que se atrincheraría para una larga lucha, añadió Nasr.
Si los militares no se imponen rápidamente, algunos analistas temen que Irán pueda sumirse en el caos o en una guerra civil, a medida que las distintas facciones luchan por el control.
Pero ven pocas posibilidades de que prevalezca la oposición liberal de Irán, debilitada y brutalmente reprimida por el régimen.
El pueblo iraní podría levantarse de nuevo
La semana pasada, Netanyahu animó al pueblo iraní a aprovechar los ataques de Israel contra su gobierno y a “sublevarse” contra su “régimen malvado y opresor”.
Los iraníes han organizado protestas masivas contra el gobierno clerical varias veces en la historia reciente, la más reciente con las manifestaciones “Mujeres, Vida, Libertad” de finales de 2022. En todas las ocasiones, la oposición se ha enfrentado a una dura represión por parte de las fuerzas de seguridad del gobierno.
Algunos iraníes desprecian tanto a los dirigentes clericales que en ocasiones han mirado a Israel como aliado y han deseado abiertamente que Estados Unidos instale un nuevo liderazgo.
Algunos opositores iraníes al régimen aplaudieron los ataques iniciales de Israel contra Irán, que consideraron una prueba más de la incompetencia y la mala gestión de su gobierno. Pero el creciente número de muertos, los ataques contra infraestructuras civiles y el pánico que se apodera de las ciudades iraníes están endureciendo a muchos en el país contra Israel.
Las plataformas de redes sociales iraníes han estado llenas de mensajes patrióticos en los últimos días, expresando unidad contra la intervención extranjera, si no exactamente apoyo al régimen.