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Esta respuesta retrata muy bien su estilo y recuerda lo que recomendaba en su libro The Art of the Deal, que consistía en pedir mucho, meter miedo, y luego negociar para obtener “algo”
TRUMP: “PUEDE QUE LO HAGA, PUEDE QUE NO”
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Leopoldo Puchi

“Puedo que lo haga, puede que no lo haga ", dijo Trump cuando los periodistas le preguntaron el miércoles pasado si atacaría a Irán.
 
Esa respuesta también refleja el dilema en el que se encuentra, porque debe decidir entre las ideas de “America First”, basadas en el aislacionismo y el desacuerdo con intervenciones extranjeras innecesarias, o asumir la posición del sector de su propio partido que pide una participación más directa de Estados Unidos en una nueva guerra en el Medio Oriente, con bombardeos en Teherán. La decisión no solo determinará cuál es la política de Trump en definitiva, sino también marcará el rumbo de la dinámica mundial.



“SEGURIDAD HEMISFÉRICA”

Al mismo tiempo, aunque en un contexto muy distinto, continúan las presiones sobre Trump para que intervenga en Venezuela. Hasta el momento, esas presiones se han implementado a través del incremento de las sanciones a la economía venezolana, la persecución a los migrantes, la prohibición de viajes y la revocación de las licencias a las empresas petroleras.

Sin embargo, algunos sectores de oposición consideran que esas medidas no son suficientes y mencionan las relaciones entre Irán y Venezuela, hablan de la “seguridad hemisférica” y presionan para que se vaya más allá, incluso en el terreno de la de la fuerza militar.



NARRATIVA

En sus más recientes declaraciones, María Corina Machado ha adoptado una posición alineada con los sectores más duros de la política exterior estadounidense. Al señalar, en plena guerra en el Medio Oriente, a Venezuela como una amenaza para Estados Unidos por sus relaciones con Irán y pedir que se actúe con urgencia, Machado refuerza una narrativa que sirve para justificar una intervención.
 
Además, su insistencia en presentar a Venezuela como un peligro para la seguridad hemisférica y en vincular al Tren de Aragua con operaciones deliberadas del Estado venezolano, no puede interpretarse sino como una forma de pedir una intervención externa.

 

AMERICA FIRST

Un análisis de Foreign Affairs señala que para muchos voceros del movimiento MAGA, intervenir militarmente en América Latina, como en el caso de Venezuela, se aleja del espíritu original de la corriente 'America First'. Figuras como Steve Bannon y Tucker Carlson han reforzado esta posición y han criticado las intervenciones en el extranjero.
 
De manera que, tanto el conflicto en el Medio Oriente como en la política hacia Venezuela muestran las contradicciones en la política exterior estadounidense y reflejan las fracturas internas en el Partido Republicano, en el que los aislacionistas chocan con los halcones que buscan una política más agresiva.

HALCONES

Frente a la posición del movimiento MAGA, existe otra corriente dentro del Partido Republicano que defiende una política exterior intervencionista, la de la línea neoconservadora. Esta visión, que ha ganado terreno en el entorno de Trump desde su regreso al poder, sostiene que tanto Irán como Venezuela representan amenazas que requieren una respuesta militar.
 
Figuras como Marco Rubio, actual secretario de Estado, encabezan este enfoque. Esta línea está respaldada por voceros como Lindsey Graham y Tom Cotton. Aunque este sector evita hablar abiertamente de una intervención militar directa en Venezuela, impulsa una escalada de sanciones, acciones encubiertas y presión diplomática.

MONROE 2.0

Aunque el trumpismo puede considerarse como una corriente aislacionista, en el caso de América Latina podría imponerse una lógica distinta: la de la Doctrina Monroe. Trump, al intentar desmontar el viejo orden global no renuncia al control de una región considerada como el espacio natural de Estados Unidos.

Hasta el momento ha afirmado, en su particular “distribución” del mundo, que se reserva para Washington el dominio desde Groenlandia hasta Panamá. Pero no ha definido públicamente si Venezuela entra dentro de ese perímetro. En todo caso, la supuesta no intervención global convive con una hegemonía regional que Trump asume abiertamente, sin necesidad de justificarla con principios ni marcos multilaterales.



EL MODELO

El peligro de que la Doctrina Monroe vuelva a aplicarse con fuerza aumenta si, en el contexto del conflicto del Medio Oriente, las corrientes halconas logran una intervención militar directa. En ese caso, América Latina, y especialmente Venezuela, podría quedar atrapada en una nueva lógica de intervención, distinta a las invasiones tradicionales, pero igualmente destructiva.

Este modelo opera en fases: comienza con el nombramiento de un enviado especial, una amenaza explícita o un ultimátum. Sigue con operaciones encubiertas que buscan neutralizar a figuras del poder mediante atentados selectivos, continúa con el uso de tecnologías como drones y, finalmente, se avanza hacia una implicación a través de actores intermediarios o países proxy.

QUIZÁS

Dependiendo de qué corriente termine por imponerse en Washington, se definirá hasta qué punto Estados Unidos está dispuesto a llegar a un acuerdo de cooperación petrolera con Venezuela o si por el contrario se centrará en la máxima presión y los ultimatos para imponer su voluntad.

 

Por ahora, Trump parece mantenerse en los límites de las recomendaciones de su propio libro con frases ambiguas: “Puedo que lo gaga, puede que no lo haga".
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