Con “La Ruta de la Arepa” ha conseguido posicionar este plato emblemático en la cultura europea. Su visión del mundo se reparte entre el periodismo, la gastronomía y la música
Fotos: Cortesía Ernesto Lotitto
La arepa se ha convertido en algo más que un alimento tradicional de la gastronomía criolla. Es parte de un símbolo que identifica a los venezolanos en cualquier parte del mundo. Para Ernesto Lottito, es el “pasaporte de los venezolanos”; la carta de presentación que cada uno de nuestros compatriotas tiene en el extranjero.
“Es libre de gluten, algo cada vez más importante para el consumidor actual. Y, más importante, es versátil: el mundo cabe en una arepa. Puede adaptarse a cualquier cultura, a cualquier cocina. Puedes tener una arepa con influencias francesas, españolas, americanas, incluso asiáticas”, aseguró
Así nació “La Ruta de la Arepa”, un proyecto que reúne diversas iniciativas gastronómicas diseñadas para celebrar y promover este plato en distintas ciudades del mundo, siendo las versiones de Caracas y Madrid las más destacadas recientemente.
“Más allá de lo gastronómico, uno de los propósitos siempre ha sido poner en valor algo más profundo: la integración a través de la creatividad y el emprendimiento, rasgos muy presentes en el venezolano, tanto dentro como fuera del país”, asegura.
Ernesto llegó a España hace más de una década, en el año 2011. Es periodista, productor y estratega. Con la “Ruta de la Arepa”, ha sido pionero en crear el primer Campeonato de Arepas de alto nivel, con jurados reconocidos —chefs de amplia trayectoria, incluidos perfiles con estrella Michelin— y en sedes como Le Cordon Bleu o el MOM Culinary Institute.
Con esta iniciativa, ha logrado algo impactante: que este alimento deje de ser un producto de nicho y pase a formar parte de la conversación cultural y gastronómica en España.
“De hecho, en la última edición, uno de los ganadores fue un chef italiano. Para nosotros, eso es una señal clara de evolución: la arepa ha trascendido su origen y se ha consolidado como fenómeno en una de las capitales gastronómicas más importantes del mundo”.
¿Cuál es la arepa que más define la personalidad del venezolano?
-No hay una sola arepa que defina al venezolano. Y, justamente, ahí está la clave. El venezolano es mezcla, es resolver, es reinventarse constantemente. Y la arepa funciona igual: puede cambiar, evolucionar, absorber influencias, y seguir siendo reconocible. Al final, más que una arepa específica, lo que define al venezolano es la capacidad de convertir cualquier contexto en una oportunidad. Y la arepa es el mejor ejemplo de eso.
¿Qué representa para la promoción de la cultura venezolana en el mundo “La Ruta de la Arepa”?
-La Ruta de la Arepa no nace como “un evento para venezolanos”. Al contrario: es una plataforma donde asumimos el rol de anfitriones y mostramos un pedazo de nuestra cultura gastronómica, creativa y emprendedora al resto del mundo. Eso cambia completamente el enfoque. No hablamos hacia dentro, sino hacia afuera. Y eso se refleja en la visibilidad que hemos construido
Entendiendo el mundo a bordo de un Volvo
Conduce el podcast "Historias en La Ruta" en Spotify, donde entrevista a emprendedores y creadores a bordo de un vehículo eléctrico.
“Para mí fue volver a hacer periodismo, pero la parte que más disfruto: la entrevista de personalidad. Donde busco entender, aprender y dejarme inspirar por gente que crea. Y el formato tiene algo que me gusta: es cercano, sin demasiada producción, pero muy auténtico. Encaja mucho con lo que es La Ruta”.
Entre las personalidades que han participado en el podcast se encuentran Karina Sainz Borgo, Carlos Mata, Leonardo Padrón, Antonio Azzato, Jorge Luis Chacín, Siudy Garrido, entre otros.
¿Cuál ha sido la experiencia que más recuerda grabando el podcast?
-Estábamos recorriendo España con Volvo, documentando La Ruta junto a la influencer Alejandra Morrison, y claro, eran trayectos largos —Madrid, Valencia, Barcelona— así que nos daba para hablar de lo humano y lo divino. Y ahí tengo que reconocer algo: la influencer me influyó. Su forma de ser y de trabajar me inspiraron y, casi sin pensarlo demasiado, puse el iPhone en el tablero y le dije: “te voy a entrevistar”. Así salió el primer capítulo.
Ha conocido a muchos emprendedores venezolanos en su recorrido, ¿Qué es lo que más ha aprendido de ellos?
-Que un “no” nunca es el final. Llámalo como quieras: resiliencia, visión, terquedad. Siempre hay una forma de llegar a donde quieres. Siempre hay una Ruta.
El periodismo como base y la música como inspiración
En su formación, ha trabajado con medios de comunicación como la revista Producto; además, forma parte de la dirección de Petroguía, una plataforma especializada en el sector energético.
Se define también como músico y ha participado en proyectos de curaduría para eventos internacionales de medios y publicidad.
“En casa siempre se respiró periodismo. Y eso te forma: te da pensamiento crítico, curiosidad constante y una forma muy particular de entender las oportunidades y anticiparte a los hechos. También, casi sin darte cuenta, te va metiendo el gen emprendedor en el cuerpo”.
En relación a la música, los instrumentos siempre han sido parte de su vida. “Siempre tuve facilidad: toco piano, guitarra, batería y percusión. Y tocar en vivo es una de las actividades que más disfruto. La música me mueve. Y aunque últimamente ha quedado un poco relegada a nivel de hobby, cada vez que puedo busco alguna excusa para tocar en público o para armar algún proyecto ligado a la música”
“Siempre hablo de que la arepa es la nueva hamburguesa o el nuevo sushi: una comida que, más pronto que tarde, no necesitará presentación”
¿Cómo integra la música, la gastronomía y el periodismo en su forma de vida?
-El periodismo ha sido la base de toda mi vida personal y profesional. Mis padres vienen de ese mundo y construyeron desde cero el Grupo Editorial Producto, que durante muchos años fue la editora de revistas más importante del país. Ese gen es el que me lleva a la gastronomía, en 2017, con La Ruta de la Arepa. Y la música siempre ha sido fuente de vida y alimento para el alma. Hice todo el colegio en el Emil Friedman y luego fui alumno y amigo del gran Gerry Weil: una figura importantísima en mi vida, tanto en lo musical como en lo personal. De él aprendía hasta en las conversaciones más inverosímiles.
¿Cómo ve el periodismo en Venezuela?
-Difícil. Por un lado, tienes la disrupción que generó la era digital en la industria de los medios a escala mundial. Eso lleva décadas pasando y ha obligado a una reinvención del negocio, a veces bastante traumática. Luego está la propia crisis venezolana, que no solo golpeó duramente al sector desde el punto de vista de anunciantes, sino también por la censura y la autocensura que han caracterizado estos tiempos.
¿Cómo ha cambiado su vida desde que salió de Venezuela? ¿Qué es lo que más recuerda del país?
-Salir del país te obliga a reencuadrarte y a integrarte. Cuando entiendes que tu cultura no es “la única” o “la mejor”, sino que formas parte de un mundo lleno de contrastes, eso te abre la cabeza como nada. Pero no te voy a mentir: es fácil adaptarse a esta ciudad, que es bellísima y muy receptiva. Recuerdos tengo muchísimos, pero la nostalgia me llega sólo cuando visito Caracas. Pensando un poco, quizás lo que más extraño es el sonido de las ranitas por la noche. Es melodía y ritmo en estado puro. Es único.