Rafael Arráiz Lucca
Fui hasta este destino tan singular para un caraqueño porque me invitaron a un seminario sobre Historia de Brasil. Busqué en el mapa antes de partir y supe que iba al estado de Santa Catarina, pero sólo supe al aterrizar en su capital, proveniente de Sao Paulo, que la huella de los alemanes estaba vigente. De lo contrario, cómo se explicaban aquellas casas alemanas tan en el sur del sur. Porto Alegre es la ciudad más cerca de la frontera con Uruguay, luego viene Florianópolis y después Curitiba y Sao Paulo. Brasil es prácticamente un continente.
La ciudad, que está ubicada en una isla justo enfrente de la costa, se denomina así en homenaje al expresidente Floriano Peixoto, el segundo que tuvo Brasil una vez constituida en república. Gobernó Don Floriano entre 1891 y 1894, justo después del presidente Deodoro da Fonseca. Se estima que en Santa Catarina vive la mayoría del 2,5% de la población brasilera de origen alemán. Este es el conjunto poblacional alemán más grande de América, sólo superado por los estadounidenses de origen alemán. Comenzaron a llegar a partir de 1848, cuando la situación política de su país los aventó hacia otros destinos. Siguieron llegando hasta bien entrado el siglo XX, cuando la vida en Alemania también se hizo insoportable para muchos. Es la historia de la humanidad, dicen. Los venezolanos sabemos de qué se trata.
De todas las ciudades brasileras, Florianópolis es la que tiene el más alto índice del IDH (índice de Desarrollo Humano) de la ONU, y en el año 2006 esta capital de Santa Catarina quedó entre las 10 ciudades más dinámicas del mundo, con su millón cien mil habitantes. ¿Tendrá todo esto algo que ver con la presencia alemana? ¿No es Alemania hoy en día el país más rico y poderoso de Europa? ¿Por qué se recuperaron tan rápido después de las dos guerras? Sospecho que trabajan mucho y con eficiencia, para no entrar en otros detalles. Tecnología de la información, turismo y servicios, estas son las tres áreas de desarrollo de esta joyita del sur de Brasil. Las playas, sin ser caribeñas, no son despreciables, y el hotel donde nos alojaron era de cabañas, ecológico, con un esmerado cuidado por los jardines.
Las lagunas de la ciudad me recordaron a Río de Janeiro, pero el número de playas la supera con creces. Son cerca de 100 las playas de la isla, muchas de ellas vírgenes, deshabitadas. El New York Times la declaró uno de los destinos más apetecidos del mundo. ¿Exageraba? Sin desmerecerla, pienso que sí, que si de ir a la playa se trata hay mejores opciones, pero el viaje tampoco es tiempo perdido. No creo que vuelva a Florianópolis, pero guardo el grato recuerdo de aquellos días junto al mar, dialogando sobre la historia de ese país tan contradictorio donde viven mi cuñado y mis sobrinos. He estado en el norte, el centro y el sur de Brasil, me falta internarme en la selva. ¿Lo haré?