La duquesa inolvidable
Por: Con Clase
      A-    A    A+


La historia tiene más de un ejemplo de mujeres que han dejado honda huella en la sociedad por ser vanguardistas y romper esquemas. Una de ellas es Cayetana Fitz-James Stuart, XVIII duquesa de Alba, quien celebra este año su centenario. 

Perteneció a una familia con la mayor cantidad de títulos nobiliarios, superaba los 40: 5 ducados, 18 marquesados, 20 condados y un vizcondado, lo que originó que alrededor de ella se tejieron numerosos mitos.

Nació en el palacio de Liria, Madrid, y durante la guerra civil española se exilió en Inglaterra donde tuvo como amiga a otra niña, que al igual de Cayetana nació en 1926, Isabel II. Su padre fue embajador de España y esto influyó en su formación. No obtuvo un título profesional, pero al ser políglota pudo hacer de la comunicación un instrumento que le permitió acercarse de una manera íntima y activa al mundo de las artes. Fue una consentida de los medios de comunicación.

Su colección de arte engalana tanto el palacio de Dueñas, en Sevilla, como el de Liria. Para muchos conocedores una de sus obras trascendentales fue la restauración y conservación de ambas construcciones, hoy dentro del itinerario turístico.

Además de servir de residencia de la familia, se han transformado en museos abiertos. Carlos de Alba, quien heredó el ducado, ha querido que sean espacios de diálogo entre las obras de grandes maestros y los vanguardistas de hoy.

Un paseo por la vida de Cayetana

Con motivo del primer centenario de Cayetana de Alba, el palacio de Dueñas abrió la exposición Cayetana. Grande de España, un recorrido por la vida de la duquesa.
 
La sevillana construcción, donde se albergó después de enviudar de su primer marido y padre de sus hijos, Luis Martínez de Irujo, se ha convertido en una especie de biografía inmersiva donde hay desde trajes hasta fotografías icónicas de una época para sus facetas de madre, esposa y ciudadana.

El acto inaugural contó con la presencia de Felipe VI, quien logró reunir a toda la familia, sólo estuvo ausente Fernando Martínez de Irujo. El rey de España hizo su recorrido acompañado por todos ellos, siendo Eugenia Martínez de Irujo, duquesa de Montoro, junto a Cristina Carrillo de Albornoz, comisarias de la exposición, quienes dieron las explicaciones al monarca.

Una de las piezas emblemáticas expuestas es el vestido de novia de Cayetana, diseñado por Flora Villarreal en 1947. Sus creaciones eran admiradas por la delicadeza y sencillez de sus líneas. Este es uno de los trajes con más años realizados por Villarreal, un modelo color marfil con aplicaciones de encaje en seda y lino. La falda presenta varias capas de tul superpuestas.

El flamenco era una de las expresiones artísticas que la duquesa de Alba amaba y practicaba, por eso algunos de los trajes que ella usó para la Feria de Sevilla resultan fundamentales. Son atuendos confeccionados en los años 50, así como sus mantones de Manila, que impactaron en su tiempo.
Complementan este capítulo de la moda, sus kaftanes y trajes de conocidos diseñadores, así como zapatos y bolsos, testimonio de la faceta fashionista de Cayetana, ratificada en las fotos de Richard Avedon y Cecil Beaton.

La pasión por la equitación de la mujer que ocupó infinidad de portadas en las revistas españolas, se concreta en su silla de montar, una vaquera española clásica, realizada en cuero natural donde aparece grabado el escudo de la casa de Alba.

La palabra no podía estar ausente en esta exposición, materializada en las cartas, como las dirigidas a Jacqueline Kennedy, que son una muestra de lo exclusivo e internacional de su círculo social.

La duquesa de Alba también era artista. Sus óleos y dibujos facilitan conocer motivaciones y emociones, así como descubrir su yo más íntimo que convivía con excentricidades sociales, haciéndola una personalidad única.

Cayetana, Grande España se podrá visitar hasta el 31 de agosto de 2026. Otra actividad en torno a la duquesa es el espectáculo Cayetana, su pasión, cuyo vestuario corresponde a Victorio & Lucchino.