STREAMING
El término ha invadido nuestra cotidianidad. Contar con un buen servicio de internet y disfrutar de cualquier contenido de medios, sea en vivo o grabado, ya es parte de nuestros hábitos. Pero ¿Cuál es su futuro?
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¿Fin de la Fiesta? 

La súbita irrupción de la pandemia alteró la vida del mundo entero a principios de 2020.

El confinamiento obligatorio causó trastornos inesperados, y cambió muchos de nuestros paradigmas. Importantes empresas perdieron enormes capitales y otras no lograron superar la crisis, desapareciendo del mercado.

Pero otras iniciativas vieron florecer sus ideas; tendencias como el teletrabajo, —que ya venía insinuando su crecimiento— y actividades como el delivery encontraron en el Covid19 el impulso necesario para imponerse.

El encierro obligatorio y el contexto de profunda incertidumbre mermó nuestra capacidad de decisión, la cual se vio confinada a las nuevas (y no tan nuevas) tecnologías. Nos volvimos cada vez más dependientes del teléfono celular, la tablet, la computadora y el control remoto. Nuestras elecciones, durante casi dos años, se limitaron a estos artefactos a través de los cuales trabajamos, nos alimentamos y, sobre todo, nos divertimos.

En ese ambiente enrarecido, las plataformas de streaming encontraron la incubadora perfecta para lograr el desarrollo que necesitaban para triunfar en el mundo del entretenimiento.

Si bien el streaming no es un concepto nuevo, para muchos expertos su aplicación con éxito y la respuesta del público masivo es consecuencia de las circunstancias particulares que se presentaron al inicio de esta segunda década del siglo XXI. Con un crecimiento, a todas luces desproporcionado, las ofertas de contenido han sido la apuesta más sólida de recreación que hemos tenido durante la pandemia.

A finales de 2020, se hablaba de la revolución de la televisión On Demand y cómo había cambiado nuestros cánones e, incluso, la forma de relacionarnos con los medios audiovisuales. El entusiasmo y el optimismo en torno a la nueva manera de conectarnos online, llevó a suponer que solo se trababa del comienzo. Sin embargo, apenas dos años después, se perciben las primeras señales de problemas en el sector, que deja entrever su rápida apoteosis y temprana caída, muy acorde con los tiempos que corren.

Pega primero, pega dos veces

Hay una falsa percepción de que la primera plataforma fue Netflix y eso no es cierto. El origen del servicio, tal como lo conocemos hoy en día, debemos buscarlo un poco más atrás. Sin llegar a los extremos de viajar a los albores del siglo XX, como sugieren los cronistas de internet, al situar los inicios de la transmisión en vivo en el sistema Muzak inventado por el estadounidense George Owen Squier, en 1919, podemos apuntar que el primer instrumento fue RealAudio Player que se lanzó en 1995, uno de los primitivos reproductores de medios con capacidad de streaming.

La revolución real llegó con YouTube. En 2005, tres trabajadores de PayPal, Steve Chen, Jawed Karim y Chad Hurley activaron el dominio de youtube.com y un año más tarde, luego de subir el primer video, se convirtió en una de las redes más importantes y su desarrollo ha ido in crescendo. En la actualidad, ocupa el segundo lugar como el motor de búsqueda más grande de internet.

En 2021, YouTube contó con más de 2.000 millones de usuarios activos. El sitio web genera contenido, tanto original como de ficción, que incluye todo tipo de producciones. Hay que destacar que es la plataforma con el concepto más aproximado a la idea de comunidad, pues la base de su éxito está en los youtubers o creadores de contenido muy entusiastas, quienes le han dado identidad e impulso a esta famosa red.

La historia de éxito de Netflix no se inició en el ámbito de internet. No obstante, paradójicamente, se convirtió en uno de los gigantes del segmento. La empresa comenzó en 1997 alquilando DVDs por suscripción, a través del correo postal, una novedad que le permitió competir con los colosos de entonces, como Blockbuster. Una década después, con casi mil títulos de diferentes producciones, alcanzaron el liderazgo del servicio de streaming.

La oferta de plataformas de streaming puede llegar a agobiar a los espectadores, pero esa competencia es la que dictará la pauta de los próximos años para empresas como Netflix, Prime Video, HBO Max, Disney+, Paramount+ o Apple TV+

Ahora, el reto es mantenerse. Y esto no parece tarea fácil. Una vez lograda la ansiada “nueva normalidad”, el número de suscriptores que aumentó exponencialmente, se ha detenido de forma un tanto abrupta. Además, la cantidad de plataformas de streaming disponibles también se ha elevado, causando un nuevo problema para el potencial espectador, que tal vez no estaba muy calculado: casi la mitad del público en los Estados Unidos (46%) se siente abrumado con la oferta cada vez mayor de servicios, cuestión que dificulta la posibilidad de hallar el contenido deseado.

Si sumamos otros factores, como la inflación y los diversos conflictos económicos y sociales de la actualidad, que influyen en la decisión de mantener una suscripción en cualquiera de las opciones de plataformas en el mercado, seremos testigos de una notable recesión que ya está vislumbrando, por ejemplo, el coloso Netflix: en el primer trimestre de 2022 perdió una respetable cantidad de suscriptores por primera vez desde que apostó por la producción de contenidos originales, cosa que ha provocado una caída del 25% del valor de sus acciones en WallStreet.

El panorama para las empresas de streaming no está claro. Aumentar sus tarifas es una opción, aunque no es garantía de crecimiento y desarrollo. Netflix estaba negada a incluir publicidad en su programación, pero parece una de las alternativas más viables. YouTube lo ha asumido con naturalidad y ya ofrece un paquete Premium para recibir el contenido completamente libre de anuncios. Por supuesto, el público tiene la última palabra.