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Por: Reyes Álamo Lima
Periodista , Escritor, Comentarista Deportivo Radio y Televisión.
Instagram: 
@reyesalamolima

Petardos de la cancha

En días pasados estaba viendo un programa de televisión y es sorprendente la cantidad de fichajes que han hecho equipos grandes, gastando millones de monedas (euros, dólares, libras) en jugadores que luego han resultado auténticos petardos; unos por no reunir las condiciones necesarias para triunfar en clubes top, algunos por mala suerte tipo lesiones o malos momentos, otros por no creérselo. En fin, muchos nombres de futbolistas llamados a llenar estadios y que al final lo único que llenaron fueron sus bolsillos (en muchos casos, no todos) y el de sus agentes.
No voy a ponerme a relacionar cada uno de ellos, son muchos, pero sí vamos a tratar de recordar por encima jugadores que decían que tenían todo para triunfar y a la hora de la verdad no fueron “ni chicha ni limoná”.

Real Madrid

Caso curioso el del colombiano Edwin Congo que fue fichado porque en el equipo español se recibió una carta de un niño colombiano que hablaba de “un jugador que el Madrid debería fichar”. Esa carta fue respondida increíblemente, le dieron las gracias y le dijeron que mandarían a alguien a verlo jugar. Dicho y hecho, alguien del Madrid fue para allá y Congo terminó de blanco donde nunca llegó a jugar dos partidos seguidos y ninguno entero. Eso sí, sigue viviendo en Madrid y milita en los veteranos del equipo blanco. Lo bueno es que es odontólogo y por ahí se gana la vida.

Edwin Congo


Predrag Spasić
 
También del conjunto capitalino tenemos a Spasic, un gigantón balcánico que jugó muy bien en el Mundial de Italia 92 y en el Madrid no hizo un solo partido bueno, incluyendo autogoles. De la misma nacionalidad llegó Prosinecki, que siendo el mejor sub 20 del mundo, fracasó más que nada por sus continúas lesiones y quizás por su adicción al cigarrillo: fumaba hasta en la ducha. Tanta fama tenía que al darle el Madrid de baja se fue al Barcelona donde igualmente fracasó, eso sí, con cigarrillo en mano.

También por los 90 el Real Madrid necesitaba a un lateral y se fueron a Brasil a buscar a Cafú y alguien los convenció de que el bueno era un tal Vitor, “que Cafú ya no es el que era”, y se trajeron a Vitor. Después de dos partidos Ramón Mendoza, presidente entonces del equipo blanco dijo “este Vitor es una castaña” y nunca más volvió a jugar.

Hay más, pero estos en el Madrid son de los más sonados. También tenemos el caso de Cassano que fracasó por otros motivos: le gustaba cerrar las discotecas de Madrid, comerse todas las pizzas de la capital y arrasar con La Nutella. Ah, y un tal Faubert que hasta se quedó dormido en el banquillo en pleno partido.

Antonio Cassano

Barcelona

Por aquí también hubo sus buenos “troncos” a precio de millonarios: Cristanbal, Rochemback, Bogarde, Amunike… malos, con ganas, con avaricia. Pero nada como Cleo, un brasileño que parecía más modelo de televisión que futbolista y de quien se dijo en un momento dado que era homosexual, cosa que el fútbol aún hoy día y después de tantos años, no termina de digerir porque en los vestuarios aún hay muchos tabúes con el tema. Imagínense en los 90. Resulta ser que cobraba fuerza en la prensa la homosexualidad de Cleo y a Juan Gaspart, vicepresidente del equipo, no se le ocurrió otra cosa que casarlo para tapar bocas y acabar con los rumores. Habló con él, le dijo lo que estaba pasando y le preguntó si no tenía alguna amiga con la que desposarse y Cleo le respondió que tenía una prima. Dicho y hecho, la trajeron de Brasil, hablaron con un cura amigo y Gaspart fue hasta padrino de la boda. Homosexual o no era muy malo y lo terminaron echando al poco tiempo. Gaspart aclararía pasados unos años que en realidad no era gay pero los rumores son muy difíciles de callar. También se habla como fracaso en el Barsa de Romerito, un goleador paraguayo, que trajeron ya casi terminando una temporada y no tuvo tiempo ni de deshacer la maleta con la que llegó. Lo echaron ahí mismito.

Winston Bogarde

Otros troncos

El Atlético de Madrid se trajo a un tal “Pato” Sosa que el día de su presentación haciendo unos toques de pelota se cayó de culo y nunca más levantó cabeza. O un tal Renaldo que fichó el Deportivo de La Coruña y que llegó diciendo era una mezcla de Ronaldo (el gordo) y Rivaldo y luego de dos partido se vio que de ellos no tenía sino la misma nacionalidad, todos brasileños.

También el Atlético de Madrid en la época de Maturana se hizo con un ferrocarril llamado “El Tren” Valencia; fuerte, duro, veloz, goleador, el no va más. A los dos meses ya el desaparecido Jesús Gil, presidente del equipo, viéndolo jugar fue sorprendido diciendo “al negro me lo cargo, al negro lo mato”. Más tarde pediría perdón, pero así sería su desilusión con el colombiano para decir eso.

Alexandre Pato llegó al Milán como la reencarnación de Kaká y nada de nada. Al Villarreal vino un americano conocido como Adú del que se dijo era el nuevo Pelé y aún sigue dando patadas por ahí sin haber marcado un gol.

 
Pato Sosa


Tren Valencia

 
Alexandre Pato

En la puerta del Sevilla hubo un soviético llamado Rinat Dasaev que decían era la reencarnación de la Araña Negra Lev Yashin (por la nacionalidad) y recibió los goles más absurdos que se haya visto en España: entre las piernas, agarrar la pelota y caérsele dentro de la puerta, resbalarse… un desastre el ruso, no paraba ni taxis.

Rinat Dasaev

Y como estos muchos, de todas las posiciones.

¿Cuántos nuevos Pelés, nuevos Maradonas, nuevos Messis hemos visto presentar por ahí? Muchos, muchísimos, pero a la hora de la verdad son pocos los que llegan a la cima.

Y los que faltan.